sábado, 3 de octubre de 2026

PEÑUÑO, TASIOREN TXABOLA/ JESUS PRIETO MENDAZA / PEÑUÑO, LA TXOZA DEL TASIO

 

PEÑUÑO, LA TXOZA DEL TASIO   

     ( Jesús Prieto Mendaza)     

    "Furtivo" hitza erabiltzen dugunean, normalean jendeak eskrupulurik gabeko ehiztari bati buruz ari garela pentsatzen du. Zalantzarik gabe holakorik egon badaude, baina ez dira horietakoak nik testu honetan errekuperatzen ditudan gizonak. Ez. Neuk aipatzen ditudanak nolabaiteko etika naturalari loturik ikusten ditut. Horietakoak dira Mendialdekoak, hemen aurkezten dizkizuedan gizonak.  

    Cuando hablamos de furtivos, en numerosas ocasiones el público piensa en un cazador sin escrúpulos, haberlos los hay, sin duda, pero no me interesan. Siempre me he centrado, cuando me refiero a las personas cuyas historias acompañaron mi niñez, a esos hombres que no solamente cazaban o pescaban, sino que ejercía muchísimas más actividades, todas ellas relacionadas con el aprovechamiento del bosque o del río. Cazadores, pescadores o recolectores que lejos de hacer daño a la naturaleza, la cuidaban, la protegían, sabiendo en todo momento donde estaba el límite de su actividad.

 “Más de una vez, echando un trago de la bota y aguantando la ventisca bajo una manta entre los bojes...hasta los guardas nos lo decían. Si con vosotros da gusto ver lo limpio que está el monte. Podáis, hacéis limpias para carbón o cisco... Si os tenía que dar dinero la diputación. ¡Con lo que cuidáis vosotros el monte!” (Foronda, J. en Prieto Mendaza, J. 2004: p. 22)

     Si bien en otras zonas de la geografía vasca, en el resto de España y por supuesto en países alejados del nuestro, furtivo es sinónimo de delincuente que mata elefantes para comerciar con el marfil o ciervos en un espacio protegido para venderlos a taxidermistas sin conciencia, este, insisto, no es el referente de los furtivos de esta tierra. Su historia, y su actividad, es otra, fue la de hombres a los que la pobre economía de la zona, obligó a adentrarse en el bosque en busca de madera para hacer carbón, boj para los txirrikeros (artesanos de la madera), setas, trufas, aranes, palomas, zorros, etc. o acudir al río Ega para pescar cangrejos, truchas o “txipas”,[1] no por placer o deporte (resulta equívoco, amén de injusto, analizar este fenómeno desde la mirada de nuestra acomodada sociedad actual), sino empujados por la necesidad de supervivencia, en muchísimos casos por la simple necesidad de comer.

       Su lugar de trabajo era el bosque, el río... lo consideraban como algo suyo, como una especie de “propiedad natural”. Lejos de ser para ellos, un lugar inhóspito, salvaje, no civilizado, que inspira miedo, el monte ocupaba un lugar importante en sus vidas, era su lugar de trabajo.      

     En 1989 fallecía Tasio Ochoa Ruiz, “el Tasio”. Ese personaje que inmortalizara la película de Montxo Armendariz (1984) falleció allí, en su Zuñiga natal, en el monte, como a él le gustaba, en esa tierra fronteriza lindante con Santa Cruz de Campezo, allí donde Navarra y Álava se dan la mano. Murió en el término de Valderrota, entre encinas, pequeños robles quejigos, burrubietes[2] y bojes, no lejos de los meandros que el río Ega forma entre los escarpes del término de Inta. Un paraje que, precisamente, se ubica junto a “la Dormida”, un espacio así denominado por la gran cantidad de palomas torcaces que allí dormían en su viaje de paso otoñal.



 
Tasio Ochoa en los años de éxito de la película en la que fue encarnado por Patxi Bisquert.

 Entre las personas que salieron a buscarlo estaba su sobrino Patxi, entonces un jovenzuelo. Y es ahora este Patxi adulto el que sigue con el legado de Tasio, esa tradición familiar que empuja a buscar el aprovechamiento del monte o el rio, a la búsqueda de piezas con las que poder ampliar la despensa y complementar los ingresos familiares. Así que, siguiendo esa estela de la familia Ochoa, Patxi en la actualidad es quien se ocupa de la choza, “el puesto”, para cazar palomas torcaces de su tío Tasio. Tras años de rehabilitación, nuevas construcciones, podado de árboles y desbrozado de terreno hoy el llamado puesto de Peñuño es uno de los más reconocidos del pueblo y alrededores.

En un interesante reportaje, el periodista, y amante de las tradiciones más recónditas del territorio alavés, Paco Góngora[3], se refiere a estos hombres que vivían en ese terreno liminal, aquellos “trabajadores del bosque y del río”[4] que complementaban los ingresos familiares procedentes de hacer carbón vegetal en los claros del bosque de las Sierras de Codés o Lokiz.

“…encinas carrascas y robles de la sierra de Codés, encima de Santa Cruz de Campezo, Jesús Atauri, 'Chucho', mueve con sus gruesas manos dos cordeles. Está agazapado en la tronera hecha sobre el techo de una chabola mimetizada con el paisaje verde con ramas de madroño… De niño aprendí a 'palanquear' los árboles, prepararlos para los zumbeles. Me enseñó gente como 'el Trabuco', 'Madrugo' o 'el Diente'. Ellos lo hacían para la gente rica que eran los que tenían escopeta. De cuando en cuando cazaban y ¿sabes lo que hacían? Se asaban las palomas en el monte porque tenían hambre. En esta zona la paloma ha matado mucha necesidad. Este ha sido un pueblo muy pobre y muchos hemos salido a cazar, a pescar truchas y cangrejos para subsistir” … Aquí emerge la figura de Tasio, el personaje real (Anastasio Ochoa) nacido en Zúñiga, el pueblo próximo a Santa Cruz, que Armendáriz convirtió en leyenda con el cine. Aquel furtivo reflejó la manera de luchar por la vida en la dura postguerra. yo he salido al jabalí con él, pero su especialidad eran los cepos», agrega “el Chucho”. (Góngora, F. 2009)

La caza de la paloma con “zumbel”[5] (no al estilo de otros lugares de la geografía española donde se dispara al paso o utilizando redes, caso de las palomeras de Etxalar) ha sido una práctica muy arraigada en esta tierra fronteriza. Esta modalidad consiste en engañar a los ejemplares que, en bandada, realizan su migración anual hacia tierras más cálidas. En los zumbeles se colocarán cuidadosamente las palomas ya amaestradas (hace muchos años se utilizaba palomas ciegas), las mismas con las “pihuelas” convenientemente atadas a sus patas y las “holgueras” dispuestas serán fundamentales en esta modalidad de caza. Todavía la puja por las chozas o puestos mueve una cantidad nada desdeñable de dinero en nuestros pueblos y supone unos apreciados ingresos para las nada boyantes juntas administrativas de los mismos.



 
Patxi Ochoa en el “centro de mando” de su choza de Peñuño. Allí tirando de las distintas argollas dirige los movimientos de zumbeles y volanderas.

Esta modalidad de caza se caracteriza por el engaño. Las palomas que viajan en bandada son engañadas al ver el aleteo de las que están en los zumbeles o de las volanderas que pasan de una encina a otra. Al ser atraídas por esa llamada es cuando se colocan en el punto de mira de los cazadores que ocupan sus puestos, camuflados entre las ramas de la choza.

“…el bando de palomas torcazas se recorta contra el cielo, a lo lejos, sobre los farallones de la sierra de Lokiz. Vienen de las Landas francesas y vuelan, altas y veloces, a más de 70 kilómetros por hora. A una voz, el silencio se hace en la choza y los hombres, acechantes, ocupan sus puestos. 'Chucho' mueve los cordeles y las palomas cautivas, guiadas sabiamente, zurean y levantan las alas, atrayendo la atención del bando. Los señuelos están colocados en pequeñas plataformas, elevadas sobre hayas y encinas, y que el palomero mueve a su antojo con las cuerdas. Caperuzas grises tapan los ojos de los señuelos que, obedientes, muestran los blancos alones a sus compañeras salvajes. «Parar a las palomas es un arte», susurra…” (Méndez, J. 2012[6])

Patxi Otxoa sigue con esta ancestral tradición, pero ese respeto por la historia de su familia y vecinos no le ha impedido introducir cambios sustanciales en el terreno de Peñuño. Hace años que en vez de subir por los peldaños de madera hasta las altas ramas en las que colocar los zumbeles, cambió ese sistema por uno de “ascensores”. Por ascensores se entiende un sistema de poleas y cables con el que la paloma adiestrada colocada en su parrilla será subida hasta su lugar sin necesidad de abandonar el suelo por parte del cazador. Se podría decir que su afán por estudiar esta modalidad de caza de paloma lo ha convertido en un auténtico innovador. Así ha introducido en su choza una nueva forma, al menos en esta zona, de llamar a la bandada en vuelo: las volanderas. Esta forma de caza exige a Patxi un esfuerzo adicional, bastante más laborioso que el método de zumbeles, que también utiliza en este puesto, puesto que las palomas elegidas para la labor de engañar a sus congéneres han de volar de un árbol a otro. Para ello ha de amaestrar a los ejemplares, poniendo en cada puesto en la rama comida y agua, el adiestramiento de cada paloma puede llevar meses.

 

                                Las palomas adiestradas, en el palomar de Peñuño.

 El sistema de “volanderas” exige que las palomas, en vez de permanecer quietas en un puesto en el que tan sólo podrán mover las alas por el tirón de la cuerda de los “zumbeleadores”, se muevan. Así este nuevo sistema abandona la quietud de las palomas ciegas, los zumbeles tradicionales, para preferir la imitación del vuelo natural de las palomas torcaces.

Para ello se tira un cable fino de una rama sita en una encina hasta otra situada en otro árbol, separado por unas decenas de metros, a elección de los cazadores, dependiendo de la situación, las vistas despejadas, las posibilidades de que se posen bastantes ejemplares o las opciones de tiro. Por ese cable las palomas adiestradas harán ese recorrido con sus patas amarradas por “pihuelas” y “holgueras” a una cuerda, las palomas cambiarán de árbol realizando un vuelo libre y total. De esta forma su desplazamiento es en apariencia libre, con lo que desde la bandada se percibe como exento de peligro. Así, avistadas por la bandada, siempre algunas se desgajarán del bando y decidirán bajar para reunirse con las que han ejercido de reclamo, poniéndose así en el punto de mira de los cazadores.

 

            Patxi en su trabajo de adiestramiento de una paloma volandera.

Este sistema de “volanderas” ha dado buenos frutos en el puesto de Peñuño. Es ciertamente, y así lo confirma Otxoa, mucho más laborioso y exige mayores inversiones, tanto de adiestramiento de las aves como de ajuste de los asientos para las mismas ubicados en las ramas de los árboles. Pero esa exigencia merece la pena, antes Peñuño no era un puesto con muchas capturas y desde hace unos años destaca como uno de los más eficaces y con mejores resultados de la zona.

“Mira, este puesto se lo dieron a mi tío Tasio porque era malo, pero malo. Como su economía no le permitía pagar otros pues se quedó con él. Está situado entre barrancos y se generan unas corrientes de aire malas de verdad. Eso hacía que las palomas pasaran por otro lado. Yo con mucho trabajo y estos nuevos sistemas, he conseguido mejorar las vistas y lograr capturas envidiables. Alguno de estos años hemos estado cerca de las noventa torcazas abatidas. Eso, tal y como están los pasos últimamente es un número muy bueno.” (Patxi Ochoa)

 

                        Esta placa destaca las hazañas conseguidas en Peñuño.

 Otra de las nuevas adquisiciones, fruto de sus inquietudes y viajes, ha sido una “caja jaula francesa”. Esta modalidad, novedosa en nuestra zona, supone que la jaula con cuatro apartados que albergan una paloma en cada uno de ellos. Cuando el cazador tira de la argolla el suelo de la caja se desprende y la paloma, previamente adiestrada, sale volando, en un vuelo totalmente libre (a diferencia de las “volanderas” que por una cuerda van unidas al cable horizontal entre dos árboles) hacia una rama o bien vuelve al puesto. El vuelo natural de la paloma favorece que desde la bandada se fijen en ella mejor y sin temor alguno a ser engañadas.

 

En la fotografía esta “jaula francesa”, con las tapas caídas, es decir que ya han salido las palomas volando. Nueva forma de “engañar” al bando de torcazas introducida en Peñuño.

Pero no terminan aquí las actuaciones innovadoras de Patxi. También ha construido unos túneles, tres en concreto, de 25, 15 y 29 metros . Convenientemente tapados por malla verde y ramas, para no ser vistos desde el aire, por ellos se accede a un disparadero desde el que se divisa un árbol, roble o encina, en el que se posaran las posibles piezas sin temor a que el cazador sea divisado. Una más de las novedades, para asombro de sus paisanos, que esta chabola presenta en la actualidad.

 

                                    Imagen de uno de los túneles citados. 

Para Patxi, la caza, con ser importante, no deja de ser una parte de lo que supone mantener una choza palomera. Mantener la choza, txabola o puesto significa también continuidad. Seguir con la tradición de la familia, del pueblo de Zuñiga, mantener una cultura ancestral que le une con la tierra. No lejos de allí se encuentra la campa donde Tasio elaboraba sus carboneras, en un raso del bosque entre encinas y “roblicos” el personaje de la película “daba betagarri”[7]  a la carbonera, es decir alimentaba la misma para que se “cociera” lentamente la madera que se convertiría en carbón vegetal. No puedo dejar de mencionar a quienes todavía en los cercanos pueblos del Valle de Lana (Gastiain, Narcué, Ullibarri, Viloria y Galbarra), en Ancín o en Murieta todavía siguen con esa tradición como el incansable divulgador Carlos Ibáñez Sanz[8].

Seguir manteniendo y arreglando la choza, es continuar con la caza, aguantar el frio, el viento o la lluvia o la ventisca de nieve supone para el hombre seguir ocupando un espacio de monte. Los habitantes de los pueblos al instalarse, aunque sea tan sólo por unos meses, en el terreno del bosque toman de forma simbólica ese “espacio inhóspito”, salvaje, lo mantienen como propiedad del “espacio seguro” que representa el pueblo. Me gusta citar a un autor que recurre muchísimo a este concepto, se trata de Eric Wolf.

Este autor, que estudió en profundidad numerosas comunidades campesinas, se refería, desde una perspectiva neo-marxista, en sus reflexiones sobre los ecotipos campesinos 6  a los conceptos de “propiedad natural”7y “libertad instintiva”. Se refería con ellos a la percepción que poseen en gran medida los habitantes del mundo rural, según la cual el cobrarse una pieza de las que abundan en estado salvaje en los campos, no obedece sino a unas reglas que han estado, están y estarán en la propia esencia de la naturaleza. Así, añado yo, cobrarse una pieza (sea una paloma, una codorniz, una trucha, coger hongos o cortar un boj...) es un ejercicio que nadie puede impedir, aunque sí acotar para preservar el medio natural.

Cobrarse la vida de un animal representa algo ancestral desde que fuimos cazadores-recolectores, rememora la lucha entre lo salvaje y lo civilizado, sería un “rito de paso” según la terminología clásica de Van Gennep.8 Hacerlo es lo normal, lo habitual, lo bueno para pasar a ser un hombre de la comunidad.

¿Qué por qué salgo al monte y al río?  ...  porque siempre ha sido así, ¡joe! Lo hacia mi abuelo, mi padre…Toda la vida se ha hecho esto. (Julián Foronda en Prieto Mendaza, J. 2004: p.24) 


Podríamos decir que es el “puesto de control” de Peñuño. Tirar con destreza de estas argollas hará que las palomas, sean volanderas, en zumbeles o desde jaulas hagan su trabajo.

 

“…por aquí, cada vez pasan menos: al punto de que hace tres años se subastó el puesto por 1.030 euros y esta temporada solo se han pagado 5 euros por la parada. Chucho sale del puesto y nos enseña las artesanas escaleras de roble por las que trepa a los árboles para situar los reclamos antes de la amanecida. En varios de ellos hasta se conservan los clavos y los viejos tacos de madera de haya que, a modo de peldaños, servían antes a los palomeros para «palanquear» los árboles… «Era el modo de comer entonces. Nosotros, que somos más que nada tirando a pobres, veníamos al puesto con ocho cartuchos. No se desperdiciaba un tiro; esperábamos que se juntaran dos o tres palomas para disparar. Hasta ocho palomas he matado yo con tres tiros», añora. «Luego las vendíamos o las llevábamos al Restaurante Casino, para que las guisara la Joaqui”. (Méndez, J. 2012)

 

Vista desde Peñuño, los arbustos se podan para dejar despejada la vista a posibles bandadas. Las encinas convenientemente podadas, esperan, si la suerte es propicia, que se posen en sus ramas las torcaces.

 Termino esta narración sobre la chabola de Tasio, del Tasio con esta poesía que introduje en un pequeño libro, publicado hace muchos años, en la que fue una sencilla aproximación a la actividad de “los furtivos” de estas tierras a caballo entre Navarra y Álava. Unas letras que pretendían, y pretenden, rendir homenaje a la sacrificada vida de aquellos hombres y a quienes hoy, como ocurre en Peñuño, siguen manteniendo vivas estas actividades.

 

"Goseak jota, mendirako bidean, orduak eta orduak, bertan zain, pagadian. Pobreziak bultzaturik, ibaiko zidorrean, egunak eta egunak izkutaturik, Ega uhertzetan.

Eskopeta, kainabera, perretxikoak sartzeko saskia, aizkora edota eskuak, dena baliogarria... gosea kendu beharrean, kodes mendizerra lekuko haiz ixilean".

     La sierra de Codés ha sido su testigo durante años. Escondidos en el hayedo, a la orilla del río, empujados por el hambre...ahí han estado. Junto a ellos una escopeta, una caña, una cesta.



[1] Pequeño pececillo de aproximadamente 6 cm. otrora abundante en estos cauces fluviales, apreciado preparado frito, su nombre científico es Phoxinus bigerri.

[2] Denominación en esta zona del escaramujo, rosa mosqueta o rosal silvestre, que por sus propiedades astringentes se conoce popularmente como “tapaculos”.

[3] Góngora, F. El hombre que se subía a los árboles, Diario El Correo, domingo 25-10-2009.

[4] Prieto Mendaza, J. (2004: p. 22) El furtivismo en la Montaña Alavesa. Algo más que pícaros o burladores, Ohitura-D.F.A.

[5] En otros lugares denominado cimbel, se trata del asiento donde se coloca la paloma que deberá aletear y hacer así que la bandada descienda y se pose. Gerardo López de Guereñu, recoge esta palabra en su libro Voces Alavesas, cuya primera edición data de 1958. Edición de 1998, Bilbao, p. 285.

[6] Méndez, Julián Diario Los últimos del zumbel El Correo, domingo 11-11-2012.

[7] Dar betagarri. Acción de prender, “alimentar” y facilitar el “tiro” de la carbonera.

[8] Carlos Ibañez ha hecho un excelente trabajo etnográfico sobre las carboneras y además una valiosa labor pedagógica explicando, en su finca de Ancin, cómo se hacía el carbón antaño.

6 Wolf, E. (1973) Las luchas campesinas del siglo XX. Edit. Siglo XXI. Madrid. p. 59 y 72

7 El bosque, en la cosmología del mundo rural es de todos, siempre ha estado ahí y siempre estará. No es de nadie, mucho menos de los señores o poderosos. Es un lugar libre y sin leyes, salvo las del más astuto.

8 Van Gennep, A. (1986). Los ritos de paso. Madrid. Taunus.

 

 

viernes, 2 de octubre de 2026

COGNAC EGITEN ZENEAN BERGONDAN/ J.C. ABASCAL RUIZ DE AGUIRRE / CUANDO EN BERGÜENDA SE HACIA "COGÑAC"

 


Urrezko Zeledonen Elkarteko Lagunok. Berriro, eta plazer handiz, Juan Carlos Abascalen artikulu interesgarri berri bat luzatzen dizuegu. 

Queridos amigos/as de Celedones de Oro. Una vez más tenemos el gusto de compartir con todos vosotros/as un nuevo e interesante artículo de investigación de Juan Carlos Abascal. 


Cuando en Bergüenda se hacía "cognac"

    Está claro, que hoy en día, no se puede eleborar en España, cogñac, ya que el término Cognac está protegido legalmente y se reserva exclusivamente para los aguardientes de vino elaborados en esa región de Francia. En España, el coñac se llama brandy, aunque antiguamente se le denominaba de forma común y genérica como "coñac"

Hecha esta premisa, comienzo a elaborar el "cogñac" que se fabricaba en el pueblo alavés de Bergüenda, que tuvo su propio ayuntamiento, y hoy en día perteneciente al ayuntamiento de Lantarón, tras la fusión de los ayuntamientos de Bergüenda y Lantarón, en 1978, y enclavado en nuestra Cuadrilla de Añana.

Empezamos hablando del creador: Andrés de Isasi y Zulueta, nacido en 1820 en Barambio (Araba/Álava), fallecido en 1918, con 68 años de edad, indiano enriquecido en Cuba, banquero y destacado prócer en Bilbao.

En Cuba, Andrés de Isasi y Zulueta, se dedicó con gran éxito al comercio y al transporte naviero, logrando acumular una notable fortuna. No he encontrado ninguna fotografía de él.



    Llegó a la isla caribeña en el año 1840 desde su País Vasco natal. Durante su estancia en La Habana, sus principales actividades e hitos, incluyeron el transporte marítimo, formando parte activa de la junta directiva de la Compañía General Cubana de Navegación a Vapor, una importante empresa del sector que llegó a contar con una flota de nueve barcos. Estrechó fuertes lazos mercantiles y societarios con otros grandes empresarios de la época, vinculando el capital y los negocios entre Cuba y España bajo firmas comerciales y proyectos industriales de gran peso, como "Zulueta e Isasi".

Tras hacer fortuna en Cuba, regresó a España, estableciéndose en Vizcaya, donde invirtió en grandes propiedades y llegó a financiar, años más tarde, la formación de su nieto, el reconocido compositor bilbaíno Andrés Isasi Linares, que luego aparecerá en nuestro relato. 

Y como podrán imaginar con estos apellidos, en concreto Zulueta, era primo de Julián de Zulueta y Amondo, Marqués de Álava, alavés también de Anucita, quien hizo su fortuna con el tráfico de esclavos.

                                Fotografía de D. Juan de Zulueta y Amondo Marqués de Álava


    Andrés de Isasi y Zulueta, fundó a finales del siglo XIX una fábrica de vinos y licores en el pueblo alavés de Bergüenda (cerca de Añana), de donde procedía su madre y en el que poseía numerosas fincas y viñas y también en la cercana localidad de Fontecha. Recopilo de Lázaro Alexandre Ramírez de su historia de Bergüenda lo que nos cuenta sobre la fábrica.

    En el año 1900 para construir la fábrica de licores del Marqués de Barambio, se extrajo piedra en las cercanías del Puente Bolices, y se encontraron unas tumbas con restos de hombres de fuerte complexión, y un molino de mano, hecho con granito rojo. Esta bodega fue edificada y montada a finales del siglo XIX por el Marqués de Barambio en el lugar llamado “Cadena Vieja”. Se trata de la finca que tiene su entrada enfrente del puente, y que posteriormente también se conoció como “la Obra”.

La bodega fue dirigida por técnicos franceses, que trajeron todo el material más moderno de la época de las regiones de Champaña y Cognac. En aquel tiempo las dos márgenes del Ebro a partir de Sobrón eran viñedos, y durante los pocos años de su funcionamiento, absorbió no sólo la producción de la zona, sino también la de parte de Haro y la Rioja Alavesa, que era transportada a Bergüenda en grandes carros tirados por mulas, dando lugar a veces a colas muy largas.

Aunque el objetivo principal fue la elaboración de coñac, también se comercializaron vinos y se intentó lanzar otros licores, y se hicieron pruebas con otras fórmulas, entre ellas había una cuyo producto base era la cáscara verde de la nuez, que vulgarmente se llamaba “cucón”.

El coñac fue lanzado al mercado en botellas de 1 litro, con la marca “Coñac Marqués de Barambio”, con cuatro calidades diferentes, siendo de menor a mayor: “Dos Escudos”, “Tres Escudos”, “V.O.S.”, y “Marquesa”.

Gracias al amor sentido por algunos bergüendeses hacia todo lo vinculado a su pueblo, pueden verse algunas de estas botellas, que como reliquias van pasando de generación en generación, con desprecio de tentadoras ofertas. (Un vecino me enseñó una botella de este cognac, pero no me dejó ni tocarla, ni tampoco consintió en que haría una foto). Así que para mostrarla la he sacado de la Historia de Bergüenda referenciada y que Lázaro el autor, puso la de mejor calidad.



    En 1902, tenemos constancia de la petición de Andrés de Isasi, marqués de Barambio, de autorización para plantación de vid americana, La vid americana hace referencia a un conjunto de especies de plantas del género Vitis, originarias de América del Norte (como Vitis labrusca, Vitis riparia o Vitis rupestris) que revolucionaron y salvaron la viticultura mundial tras la crisis del siglo XIX, por la plaga de la filoxera.

Sabemos por el citado expediente manejado, que lo solicita Andrés de Isasi, por la filoxera según leemos en el expediente. La plaga de la filoxera llegó oficialmente a Álava en el año 1902, aunque la amenaza y los preparativos instituciones en la región limítrofe de La Rioja ya estaban en su punto crítico en 1901. Visto este expediente podemos concluir que Andrés de Isasi y Zulueta fue un adelantado a otros viticultores, ya que en La Rioja no se contempló este proceso de sustitución hasta 1916.

Y un dato curioso para la historia del pueblo de Bergüenda, que hemos visto en este expediente, y es que la petición se hace en folios con el membrete de Bodegas de Bergüenda. En 1903 anunciaba ya en prensas su "cosecha garantizada 1898", de vinos superiores, disponibles en fondas, hoteles y restaurantes de toda la cornisa cantábrica.

 

    

    El año de 1903, el 17 de septiembre, encontramos expediente que se cierra el 28 de ese mismo mes, en el que el Gobernador Civil pasa a informe la instancia del Marqués de Barambio solicitando el aprovechamiento de agua del manantial "La Fuente", jurisdicción de Bergüenda, y se entiende debe accederse a su concesión. Un año después, en agosto de 1904, solicita oficialmente la marca "Marqués de Barambio" para distinguir alcoholes de vino, cuyo logotipo será un águila sujetando un escudo similar al blasón de la familia Isasi de Barambio.

 


¿Acaso no habían fundado los Hurtado de Amézaga unas bodegas con su título nobiliario de Marqués del Riscal? Aunque el de Barambio tuviera menos solera que el marquesado de Riscal, no iba a ser él menos. 

    En 1905, encontramos este anuncio en el diario La Libertad de1 10 de marzo.

Como se puede leer De venta en «cafés, restaurants, hoteles y tiendas de ultramarinos», sus anuncios prometían un producto tan fino como los cognacs franceses, pero muchísimo más barato y superior a todos los demás destilados españoles. Entre 1904 y 1912 los coñacs de los Isasi fueron muy populares y se sirvieron habitualmente en mesas tan elegantes como las del Club Náutico de Bilbao o la Sociedad Bilbaína. 

    En 1915 y con su nieto Andrés ya consolidado como compositor, se fundaría la sociedad anónima Coñac del Marqués de Barambio con 640.000 pesetas de capital (dato obtenido de un artículo Ana Vega en diario El Correo). En 1916 Bergüenda sufrió un terrible incendio que afectó a los talleres del marqués.

Falleció poco después en 1918, y heredó su nieto Andrés de Isasi y Linares, gran músico, quien interesado solo en la música y no en los negocios alcohólicos, vendió el negocio a Lázaro Ramínez Escudero, potentado de Bergüenda, y gran benefactor alavés, como ejemplo tenemos la Fundación Escudero en Gopegui, la escultura de Vicente Goicoechea en Aramaio….

                           Fotografía del nieto y músico Andrés Isasi Linares (1908)

    

    Poco tiempo después el negocio fue a pique, y se vendieron las viñas en lotes. Conocí a una persona cuyo suegro compró 120 viñas ahí en Bergüenda. De aquellas viñas, solo queda el recuerdo, y hay que descubrirlas, no sin esfuerzo, entre la maleza



    De aquella bodega y sus instalaciones, hoy siguen en pie tan solo sus edificios. En la casa se conserva aún el recuerdo a su nombre: Marqués de Barambio




    Lamentablemente, sus bodegas y calados donde se maceraban los cognacs están completamente abandonados. En sus almacenes, ocupados por fuerzas italianas durante la incivil guerra española, se puede apreciar un retrato de Mussolini en sus paredes y una oda a las fuerzas italianas, realizados por aquellos soldados italianos que estuvieron aquí alojados.




    Y aquí doy por terminada esta curiosidad de la historia, de "cuando en Bergüenda se hacía cognac", sin antes desear y lanzar la idea de que por parte del Ayuntamiento de Lantarón, se intente recuperar este histórico edificio y realizar en él un museo, u otra iniciativa que contribuya a recuperar este valor patrimonial.



N: Gracias a Eduardo Valle Pinedo, compañero y amigo en Celedones de Oro por sus aportaciones.

Argazkiak/ Fotografías: Ayuntamiento de Lantaron, Google y archivo del autor.