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lunes, 27 de mayo de 2019

EL FUERISTA PEDRO EGAÑA Y ARAMAIO / PEDRO EGAÑA FORUZALEA ETA ARAMAIO


Hace ya un tiempo que en uno de mis artículos publicados en el blog “Hots begi danbolinak” trataba sobre la relación del político alavés Pedro Egaña Díaz del Carpio con el pueblo de Aramaio. Hubo en Mondragón en el siglo XIX un escritor e historiador de origen aramaioarra, Miguel Madinabeitia, el cual no perdía la ocasión de visitar el solar de sus mayores y es así que, a través de su amistad y vecindad con el también historiador Juan Carlos Guerra, tuvo conocimiento de la ocasión en que el insigne defensor de los fueros vascos había estado en Aramaio y había grabado en 1852 de su mano en sendos árboles los nombres de sus hijos Gonzalo y Fernando, fallecidos prematuramente.
Pedro Egaña Diaz del Carpio

En esta entrega de hoy recupero, de la mano de Madinabeitia, aquellos recuerdos del vitoriano (1803) que falleció en Zestona en 1885, y fuera en dos ocasiones ministro de la monarquía, así como Diputado General alavés, periodista y, sobre todo, enamorado de su País Vasco y sus libertades. 

Madinabeitia no pierde la ocasión, y además de darnos cumplida cuenta de su visita a los citados árboles, recogiendo y enviando a Pedro Egaña hojas verdes de los mismos, nos ofrece una visión de la Aramaio de la época, donde mantenía grandes amistades, entre ellas el padre del compositor Vicente Goikoetxea.

A continuación transcribo el artículo original del blog "Hots begi danbolinak"

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“El Noticiero Bilbaíno” egunkarian, 2270 zenbakian, Arrasatetik 1881eko urriaren 21n bidalitako kronikan, Miguel Madinabeitia arrasatear kronikagileak idazten zuen oso kronika interesgarria, Aramaio herria eta Pedro Egaña Diaz del Carpio euskal politiko foruzalea lotzen zituena. Irakur dezagun Madinabeitiak zioena:  

“Voy a dedicar esta carta al pago de una deuda de gratitud que tengo pendiente. Hace dos meses que mi amigo D. Juan Carlos Guerra, estudioso joven, hijo del reputado médico que fue del mismo nombre, visitó en su morada al ilustre retirado de Cestona, quien invocando pasados tiempos y las afecciones que entonces le ligaban a este y otros pueblos de la comarca, le recordó la existencia cerca de Aramayona, de dos árboles en que hace 29 años grabó los nombres de los ángeles Gonzalo y Fernando de Egaña, sus malogrados hijos. 

Como mi amigo no podía ser insensato a las demostraciones del afecto, le prometió que tan luego como regresase a su casa, pasaría a saludar en su nombre, aquellos mudos testigos del cariño y del dolor, rindiendo culto a la memoria de seres para él tan queridos; añadiéndole que para la excursión invitaría a sus amigos don Vicente de Oquendo y a mi persona, cuyo pensamiento me consta que agradó al esclarecido campeón de nuestras perdidas libertades, según luego deduje de las frases benévolas que me dedicó en una de sus cartas. 

Serían las tres y cuarto de la tarde del viernes 7 del actual cuando nuestro coche hizo alto al divisar dos algo corpulentas hayas, con sus letreros, que se destacan en un repechito que domina el camino real en el punto denominado Bolincho, a un kilómetro escaso antes del pueblo de Aramayona. Contemplamos con respeto dichos árboles, marcando en ellos nuestras iniciales y la fecha que allí nos condujo el cumplimiento de un fin piadoso. 


Acto continuo seguimos nuestra marcha al valle de Aramayona, pueblo que en los tiempos antiguos estaba enclavado en la tierra llamada del Señorío de Vizcaya y que se unió a la provincia de Alava por escritura de contrato de 9 de agosto de 1489. Es título de condado que posee la casa de los marqueses de Mortara y sus dignatarios se han considerado como los señores de Mújica y Olaeta, contándose curiosos episodios de la Edad Media acaecidos en la fortaleza o castillo de Barajuen, hoy una de sus diez anteiglesias o parroquias rurales. 

En un documento de fecha 6 de abril de 1636 que a la vista tengo, el dignatario de aquella casa se titulaba: duque de Ciudad Real, conde de Aramayona, marqués de San Damián, de Barrica y de Paller, Gobernador y Capitán General de esta M.N. y M.L. provincia de Guipúzcoa. 

Nuestro primer acto al apearnos fue, en cumplimiento del encargo que mi amigo llevaba, saludar al alcalde del valle, D. Patricio Altube, que nos recibió con amabilidad, quedando agradecido de la visita, con doble motivo, por la persona en cuya representación lo hacíamos. Mientras nos preparaban un pequeño refrigerio en la casa del simpático señor Goicoechea (1), reconocimos el pueblo, en que eché muy de menos aquel martilliteo y animación que producían las muchas fraguas de herraje que existieron, allá cuando yo deletreaba el catón en su siempre acreditada escuela de primera enseñanza.

Visitamos también la iglesia parroquial levantada de nueva planta a principios del presente siglo, en reemplazo de la antigua de Zalgo, dedicada a San Martín obispo de Turs, matriz de San Sebastián de Ibarra, que está en la plaza y en la que, para satisfacer el servicio religioso del público, se colocó el Sacramento el año 1605, pero que ya hoy no tiene utilización. El decorado interior de la nueva iglesia ha mejorado notablemente en los treinta últimos años, merced a los recursos de su fábrica a la piedad o patriotismo de alguno de sus hijos; y en los objetos de arte que encierra, me parece muy digno de ser visto un grupo del Descendimiento, entre cuyas figuras destaca la de un ser viviente entregado al llanto y a la tristeza. 


De allí pasamos a ver el nuevo establecimiento balneario, cuyos departamentos, incluso las bañeras, nos parecieron montadas con todos los adelantos del día. Ya en esto, creímos llegada la hora de nuestro refrigerio y acudimos a la casa de D. Ignacio Goicoechea, donde fuimos muy bien tratados, habiéndonos referido dicho señor que los árboles objeto de nuestra visita fueron de su propiedad, y que el año 1852, siendo alcalde él mismo, se los adquirió Pedro de Egaña, quien había sido ministro de Gracia y Justicia en 1846 y más tarde de Gobernación en 1853” 

Bost urte geroago, baita “El Noticiero Bilbaíno” egunkarian ere, 3853 zenbakian, eta Arrasaten 1886ko uztailaren 9an igorritako kronikan, honela idatzi zuen Miguel Madinabeitiak, “El corresponsal” izenordearekin:   

“Raro es el año que dejo de hacer mi excursión el día segundo de las fiestas de San Martín, al inmediato pueblo de Aramayona, donde me ligan afecciones de amistad y parentesco. El 5 suele ser el predilecto de las fiestas, pero he tenido este año que anticipar un día al que era para mí de rúbrica, por acceder gustoso a la invitación que de antemano me tenía hecha mi buen amigo don Vicente de Oquendo, interesado a su vez en complacer a los nuevos cónyuges, sus hijos, (2) enseñándoles los árboles de Bolincho, donde el insigne patricio don Pedro de Egaña trazó por su mano en 1852 los nombres de sus ángeles, como él les llamaba, Gonzalo y Fernando, y que desde un año acá reposan juntos en una misma tumba. 


Fue tal la estimación que aquel grande hombre hizo de mi humilde persona que, aun a riesgo de pasar por inmodesto, no puedo menos de recordar las frases que me tenía dedicadas en algunas de las varias cartas que, para honra mía, nos habíamos cruzado. 


En la de 11 de octubre de 1881 me decía: “No es Vd. quien debe darme gracias por la parte que ha tomado en el viaje a Bolincho (mi Meca de hoy más): soy yo, que hace años vengo leyendo sus curiosas y eruditas epístolas vascas en El Noticiero Bilbaíno con la simpatía y deleite que produce en mi alma cuanto se refiere al país. etc” 

En la siguiente de 29 de dicho mes se lee: “Gracias mil, Sr. D. M. por la nueva prueba de afecto que se sirve Vd. darme con la interesante carta que ha dirigido Vd. a El Noticiero Bilbaíno, con motivo de la romería a nuestros queridos árboles de Aramayona. Esa carta y la anterior manuscrita y directa a mí que contenía las dos verdes hojas de las hayas Gonzalo y Fernando las guardaré mientras viva en mi memoria y en mi corazón como dos reliquias inapreciables"

Cumplida nuestra peregrinación, el landó nos llevó en pocos minutos a Aramayona, cuando había comenzado ya la novillada que mis obsequiantes vieron desde el balcón del ayuntamiento, gracias a la cortés invitación del señor alcalde D. Domingo Uribarren.

Las fiestas de San Martín no son ni la sombra de lo que eran en otro tiempo, pues allí como aquí las costumbres patriarcales van cayendo en desuso en términos que parece que no se quiere otra cosa sino acabar con la tradición. Yo no sé si esto es mejor que aquello, porque como suele decirse las cosas de este mundo son buenas o malas según cómo se miren; pues al propio tiempo que han escaseado los aurrescus y otras diversiones propias del país, es lo cierto que la plaza, de ocho a diez de la noche, se llenó como en los mejores tiempos para solaz de las hijas de Eva"


Madinabeitiak aipatutako Pedro Egaña gasteiztarra (Gasteiz 1803/ Zestoa 1885) politikan aritu zen. Birritan hautatu zuten ministro espainiar monarkiarekin eta euskal foruen defendatzaile sutsua izan zen. Hil arteko Senatorea izendatu zuten 1864an eta Arabako Diputatu Nagusia ere izan zen. Lege gizona ofizioz, kazetaritzari ere eskaini zizkion bere tarteak. Horrela, La España egunkariaren sortzaile eta zuzendaria izan zen 1848an.


Halaber, Pedro Egaña Díaz del Carpio Arrasateko Casimiro Egaña Okendoren osaba zen. Casimiro ere senatorea izan genuen, eta lehen Egaña Kondea. Azken honetaz, beste batean arituko naiz.

 (1) Ignazio Goikoetxea, Bizente Goikoetxea musikariaren aitaz ari da.
  (2) Ikus ezkontza horren berri:
 
Texto y fotografías. Josemari Velez de Mendizabal

 


martes, 12 de marzo de 2019

ABUELA MADRE DE LECHE DE SU NIETA / AMANDRE ESNEDUNA


Beste behin nator txoko honetara Aramaioko istorio berri batekin, blog honetako irakurleek ideia zehatzagoa izan dezaten Arabako bailara eder eta askorentzat oraindik nahiko ezezagunari buruz. Aspaldi gertatu zen, XVIII.aren amaieran. Eta istorioak antzinako mundu batera eramaten gaitu, irudimenari hegan egiteko aukera eskainiz. Ez da legenda, errealitatea baizik.
 
Abuela de Etxaguen,  principios del XX
Vuelvo a Aramaio, lugar sobre el que suelo escribir a menudo en mi blog "Hots begi danbolinak" y lo hago con una historia que acabo de publicar y que, como es lógico por haberse producido a finales del XVIII, nos transporta a un tipo de sociedad rural ya desaparecida. Voy a dar a conocer la pequeña historia de una abuela que, por razones prácticas, se convirtió en madre nodriza de su nieta... a los 81 años. Traducido al castellano, así publiqué en mi blog la noticia acerca de la abuela que dio su leche a la nieta.

"El oficio de amamantar niños ajenos ha sido conocido hasta hace bien poco. La madre nodriza daba pecho a quien le contrataba y de ahí la expresión de hermanos/as de leche. La historia que hoy traigo es diferente y se trata de que una abuela se convirtió en madre nodriza de su propia nieta... a los 81 años de edad. La noticia la encontré en la “Gaceta de Madrid” del 20 de abril de 1804. Veamos lo que decía:

“María Catalina de Irazuegui nació en 1º de Marzo de 1717 en la anteiglesia de Echaguen, del valle de Aramayona, de la provincia de Alava. Siendo de edad competente, casó con Agustin de Zavala, de quien tuvo algunos hijos, y entre ellos a Francisco,que contraxo matrimonio con Tomasa de Aispe, vecinos de la anteiglesia de Arejola, del mismo valle. 

Quedó viuda la citada Maria Catalina 16 años ha en compañía de su hijo y nuera, y quando se hallaba en la edad de 81 años, su nuera dio a luz una niña, que se bautizó en 14 de mayo de 1798, con el nombre de Gregoria Bonifacia. El alimento de la madre era escaso y mucho el trabajo: la criatura padecía hambres que la obligaban a llorar: un día que la madre se ocupaba en las labores de una heredad arrendada dexó a la niña  al cuidado de su abuela, la que compadecida de los lloros de la nieta , por no haber en la vecindad mujer que la suministrase leche, la aplicó a sus pechos, que los agarró de tan buena gana por la hambre que padecía, que sin duda sacó alguna substancia , pues aplacó sus lágrimas.

Al siguiente día hicieron la misma operación la abueIa y nieta, y a pocos que continuaron  se halló la vieja con tanta leche en sus pechos como si fuera una moza de 25 años: de forma que crió a la niña por el dilatado  espacio de 4 años, y en el día viven la abuela y nieta llenas de miseria y pobreza. Cumplidos los citados años de lactancia hubo mucha repugnancia de parte de la nieta para apartarse de la abuela, la que aún se hallaba con tanta abundancia de leche que, para evitar los dolores de la opresión, fue preciso se aplicase los medicamentos que dictó el cirujano, estando a la sazón en la edad de 85 años”

Maria Catalina Yrazuegui Urizar nació en 1717 en el barrio Etxaguen de Aramaio, siendo sus padres el bergarés Bartolomé  y la aramaioarra Catalina. El padre demostró su hidalguía en en ayuntamiento de Aramaio en 1740. La tal María Catalina casó con Agustín Zabala Murua y tuvieron seis hijos/as. Una de ellos, Francisco Martín, se casó con la mondragonesa Tomasa Aspe en 1790 y tuvieron una hija, Gregoria Bonifacia, el 14 de mayo de 1798. Para entonces María Catalina había enviudado y vivía con su hijo en el barrio de Arexola.

El reportaje de la Gaceta de Madrid es de 1804 y María Catalina la abuela nodriza murió el 7 de mayo de 1806, en el caserió de Arexola. La nieta Gregoria Bonifacia falleció el 24 de enero de 1857, por lo que se puede decir que no le fue del todo mal la leche de su abuela"



HOTS BEGI DANBOLINAK BLOGEAN




Testua eta argazkiak: Josemari Velez de Mendizabal