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lunes, 4 de agosto de 2025

JAIEN ATARIAN - A LAS PUERTAS DE LAS FIESTAS

Berriro ere hiria urduri samar dago... 2025eko jaiak ailegatzear daude. 

Un año más la ciudad se mueve nerviosa...las fiestas de 2025 se aproximan.


Azken egun hauetan gure hirian urduritasuna da nagusi. Abuztuko jaiak hurbiltzen ari dira eta herritar guztiek sentitzen dute giroa. Denboraren poderioz Gasteizek gizarte aldaketa nabariak bizi izan ditu eta, logikoa denez, horrek gure jaietan ere eragina izan du. Hala eta guztiz ere, gure jaietako ohiturak eta tradizioak mantentzen direlakoan gaude. Alde batetik erlijiozko pertsonaia nagusia: Ama Zuria eta beste aldetik 1957tik mito profanoa: Zeledon. Biak gure jaietako erdigunean kokaturik daudela esan liteke. Asko dira jaietan aipa ditzakegun ekintza: Farolen Prozesioa, Egunsentiko Errosarioa, Blusa eta Nesken kalejira, erraldoiak ea buruhandiak, txistulariak, dultzaineroak, bertsoak, kontzertuak, zirkoa, barrakak, txosnak eta su artifizialak. Ekintza politak guztiak, baina geuk esango nuke ezin dugula ahaztu Gazteizko Jaiek duten ezaugarririk nagusiena, hau da bere arima herrikoia. Kalean, koadrilan, adiskidetasunean jai giroa gozatzen dela aldarrikatu behar da.

Jaiak txufla eta alaitasunezko denbora magikoan, baina ez ahaztu horren ondoren guztiok izango garela herritar zintzoak.  Ama Zuriak eta Zeledonek lagunduko digute jaiak errespetoz disfrutatzen.

 Gora Ama Zuriaren Jaiak!


La ciudad trabaja, vive y se mueve con indisimulado nerviosismo, Ese momento mágico que representan sus fiestas patronales se acerca y la ciudadanía lo siente ya. Si bien es cierto que la evolución que ha experimentado nuestra Vitoria-Gasteiz ha influido también en los cambios introducidos en nuestras fiestas, no es menos veraz que el núcleo central de las mismas se mantiene firme. El sustento religioso, representado por nuestra patrona la Virgen Blanca, junto al mito profano, representado desde 1957 por Celedón, siguen presentes ocupando el espacio simbólico de estos días que se nos ofrecen desde el 4 al 9 de agosto. Blusas y Neskas, con su animación, también estarán presentes este año (precisamente el día de Santiago se celebró el 80 aniversario del primer Día del Blusa y la Neska) dando ese tradicional colorido a las calles de nuestra ciudad. Procesión de los Faroles, Rosario de la Aurora, desfiles de ida y venida de las distintas cuadrillas, gigantes y cabezudos, txistularis y dulzaineros, bertsos, conciertos, humor, circo, barracas, txosnas y fuegos artificiales serán muchas de las actividades con las que la ciudadanía disfrutará  de ese tiempo mágico.

 Aun así debemos recordar que nuestras fiestas tienen elementos distintivos, únicos, que son los que las hacen diferemtes de las de las ciudades vecinas y hermanas y uno de ellos es su carácter popular. Las fiestas de Vitoria no se pueden entender sin su espontaneidad, sin su carácter de calle, sin la amistad y el goce de la reunión. Ciertamente puede resultar difícil de entender para quien no es de Vitoria, pero ese sentimiento de amistad, de cuadrilla, es tan potente que llega a igualar a lealtades tan fuertes como la familia. Es un sentimiento de tal arraigo que se mantiene durante el resto del año y permanece, sólido, en muchos casos durante toda una vida.  Que nuestro modelo festivo no es inamovible resulta una obviedad y viviremos muchos más cambios con el paso del tiempo. A futuro es previsible que los actores de la fiesta se comporten en base a otros referentes sociales; es lógico, pues toda fiesta que no sabe adaptarse al cambio es una fiesta que muere, pero apostamos porque esa esencia vitoriana siga intacta tal y como se viene manifestando desde hace ya tantos años.

Cuando hablamos de antropología de la fiesta, creemos necesario recordar una vez más que la fiesta como tiempo de exceso no es tan sólo “desmadre” y juerga, sino que es también un tiempo sanador de conflictos y  tensiones y por ello tiempo especialmente constructor de vida social que construye ciudadanos serios y laboriosos para el resto del año. Disfruten de la fiesta y háganlo siempre desde el respeto. Que la Virgen Blanca les guíe por sendas virtuosas, que Celedón oriente sus momentos más mundanos y que el sentido común les haga esquivar el golpe certero de “Ojobiriki”.

!Felices fiestas en honor de la Virgen Blanca!

 Jesús Prieto Mendaza

Antropólogo Social y…blusa


lunes, 20 de diciembre de 2021

GABONALDIA KULTURA ADIERAZPEN BEZALA - LA NAVIDAD COMO EXPRESIÓN CULTURAL


 LA NAVIDAD COMO EXPRESIÓN CULTURAL

 

     Gabonaldiak, dudarik gabe, jatorri erlijiosoa dauka. Hori inork ez du zalantzan jartzen. Hala eta guztiz, gure gaur egungo gizartean, hirritar askok ez ditu neguko festa hauek bizitzen fededun moduan baizik eta herentzia kulturala bezala. Nik uste dut aspektu hau esanguratsua dela eguberria etortzear dagoenean eta gure tradizio ohiturak hainbat sektoretatik ikuspuntu kulturala baztertzen denean. Artikulu honetan gabonaldiak duen oinarri kulturala balioan jarri nahi dut.

    



    
 Desde que el hombre es hombre ha buscado adaptar sus ciclos festivos a los ciclos de la vida, fundamentalmente por su dependencia durante siglos de la agricultura y la ganadería. Así la naturaleza, y es esta una perspectiva antropológica fundamentalmente ecologista, marcaba los ritmos del tiempo de labor y del tiempo mágico, del tiempo sanador, es decir del tiempo festivo. Uno de esos ciclos es el que coincide en todo el hemisferio norte con el solsticio de invierno, con el parón de la naturaleza, de la vida. Es este un tiempo de poca luz, de oscuridad, de recogimiento doméstico y familiar. Precisamente por todo ello se celebra el tiempo que se acerca: la proximidad del momento en que comienzan a ganar peso la luz y el calor, por lo tanto el acercamiento paulatino al despertar de la naturaleza que llegará con la esperada primavera. De ahí que ya los romanos celebraran el “Natalis Solis Invicti-Nacimiento del Sol Invicto”, festividad asociada al nacimiento del dios Apolo. Con la cristianización, las fiestas paganas se readaptan y en el nuevo imaginario se decide recordar el nacimiento de Jesucristo, allí en Belén, un 25 de diciembre hace 2021 años. Desde entonces la “Natividad”, este tiempo desde adviento hasta la festividad de los Reyes Magos se celebra entre nosotros con toda una serie de rituales, profanos y religiosos, que coinciden en algo característico de toda fiesta: su magia. Y es que la magia impregna la festividad de la navidad. Invito a la concurrencia a recordar. Por favor piensen en las navidades de su infancia, en las de su juventud, en las de su actual madurez pensando en la ilusión de hijos o, quizás ya, nietos. Reconocerán que en todas ellas la fantasía, la alegría, la reunión o el misterio, es decir la magia, por la llegada de Dios, Olentzero o los Magos de Oriente, están presentes.

             Bien, pues uno de esos rituales navideños es en nuestro entorno cultural el Belén o Nacimiento.  Se suele ubicar su nacimiento, valga la redundancia, en el S. XIII y su autoría se atribuye a San Francisco de Asís que en la Navidad de 1223 realizó un Belén viviente en una gruta de Greccio. Es pues el Nacimiento una de las tradiciones más hermosas de nuestra navidad. A pesar de la introducción de elementos llegados del norte de Europa, como son el abeto de navidad y Santa Claus, o recreaciones propias como es la leyenda de Olentzero (una importante recuperación que debemos al recordado Joxe Miel Barandiaran), el Belén es sin duda el elemento ritual que más se aproxima a la esencia de la navidad ("la jaiotza", que tanto reivindicaba también aita Barandiaran). Les pido
de nuevo que recuerden su infancia, que actualicen su memoria navideña, que vivan el presente también. ¿Acaso no hay un Nacimiento en esas imágenes?

             Las modas lo invaden todo, nuestras formas de consumo, de ocio, de cultura. Así en los últimos tiempos parece generalizarse una moda que hace de la demolición de todo lo anterior una profesión de fe y supuesta progresía. Las tradiciones, costumbres o raíces que nos conforman como sociedad, entre ellas la tradición belenista, son cuestionadas, y eso que en principio no está mal resulta letal si se hace desde un espíritu auto-destructor muy alejado de esa crítica constructiva que hace avanzar a todo grupo humano. Así, los sustentos antropológicos que han definido nuestra identidad (múltiple y diversa, ciertamente, que avanza y se transforma, pero identidad al fin y al cabo) hasta nuestros días, son sometidos a una sistemática acción de deconstrucciíon para ser anulados, en algunos casos, o sustituidos, en otro, por rituales que tienen que ver más con el desconocimiento o las modas foráneas que con el devenir diacrónico de nuestra historia. Esta tendencia penetrando absolutamente todos los aspectos de eso que Durkheim denominaba “conciencia colectiva” y en esta época le toca también a una de nuestras festividades más importante: la navidad. Así, determinados sectores ideológicos están recuperando la idea de las “Saturnales” romanas, para buscar el reencuentro con las celebraciones paganas del solsticio de invierno, frente a nuestras “navidades cristianas”.  De esta forma se está generalizando el uso de expresiones como “felices saturnales”, “felices fiestas de solsticio de invierno” o “abendualdia disfrutatu”. Determinados ayuntamientos han celebrado la fiesta de las “magas de la navidad”, pues se considera una forma laica y republicana de festejar este tiempo festivo invernal frente a las navidades tradicionales, que son consideradas una fiesta retrógrada y monárquica.  La ciudadanía es libre de hacer con su vida lo que sea, no seré yo quien diga lo contrario, pero tratándose de personajes que se deben a la cosa pública y con el ánimo de documentar con seriedad su propuesta imagino que se habrán encontrado infinidad de tesis doctorales realizadas sobre el tema en numerosas universidades del mundo y bibliografía abundante al respecto de importantes eruditos, sociólogos, etnógrafos y estudiosos de los rituales festivos. ¿O no? Ya el pasado año una importante ciudad española promovió unas navidades más “laicas”, con propuestas como la celebración del solsticio de invierno y la fiesta de la luz, o la campaña “no somos rosas ni azules”;  otra no menos importante capital también apostó porque no hubiera belenes en las calles, pues otras comunidades religiosas podrían verlo como una ofensa; incluso una ciudad a la que acuden anualmente miles de peregrinos  decidió suprimir el belén navideño de su mundialmente conocida plaza para sustituirlo por unos abetos; o el caso de una hermosa villa mediterránea que también eliminó la proyección de motivos navideños en la fachada de la casa consistorial, para sustituirlos por figuras más laicas. La lista sería interminable si añadimos la negativa de ludotecas, colegios, residencias y organismos que sustituyen villancicos, nacimientos y zambombas por hip hop, castillos de play móvil o degustaciones de cuscús, pensando de esta forma ser mucho más progresistas. Creo sinceramente que nunca nadie dio tan pobres argumentos como los que esta especie de “laicidad Disney”, tan alejada de la de otras sociedades de nuestro entorno europeo, está aportando.

    Las manifestaciones culturales de origen religioso de nuestra actual sociedad, evidentemente secularizada, cuestión que no me cansaré de aplaudir, no tienen por qué ser vistas como una práctica de fe. Sí lo serán para quienes se consideran creyentes, pero para otros muchos son simples rasgos de nuestra tradición cultural, forman parte de nuestro patrimonio material e inmaterial. Es decir, tienen una evidente carga cultural. Basta que se den ustedes una vuelta por sociedades mucho más laicas, y desde hace mucho más tiempo, que la nuestra para comprobar lo que estoy diciendo. En Francia qué decir de la navidad en los
pueblos de Alsacia como Colmar o Kayseberg, en París, en Estrasburgo, en todas sus ciudades la fiesta mayor del año se celebra alrededor del “Marché de Nöel. En Alemania el momento más importante del año, tanto de reunión familiar como de socialización amical, se realiza en torno al Chistmas Market , recuerdo con especial agrado el 
Weihnachtsmarkt de Friburgo y el vino caliente, “Gluhwein”, tomado allí en compañía de inolvidables amigos. Podríamos seguir por los distintos mercados de Bruselas, especialmente el ubicado en la Grand Place, o Brujas, con su famoso Kerstmarkt Brugen, en todos ellos se puede disfrutar de villancicos y música religiosa mientras se degusta una estupenda “bière de nöel” viendo pasar a los Reyes Magos junto al típico Sinterklaas o Papá Nöel belga. Acudir a visitar los belenes y escuchar música en las iglesias iluminadas durante estas fechas, poner abetos o nacimientos en las comunidades de vecinos, oficinas, colegios y hospitales, no es visto como una liturgia religiosa sino como una práctica cultural que indudablemente ha llegado hasta nuestros días desprovista de la sacralización de antaño; pero no por ello se cuestiona su presencia en los espacios públicos y mucho menos su eliminación. Ya lo dijo la inigualable Erma Bonbek: “No hay nada más triste en este mundo que levantarse la mañana de navidad y no ser un niño”.

     Cuidado. A este paso no solamente nos podemos cargar la misma esencia de la navidad, también nos podríamos cargar su magia, y sin ese tiempo mágico, necesario, cualquier ritual festivo pierde su razón de ser como revitalizador y sanador de su tejido social para seguir siendo tiempo de cotidianidad. Por eso deseo subrayar la importante labor que se hace desde las asociaciones belenistas, un trabajo que resulta fundamental para mantener viva la llama de la navidad, ese profundo mensaje que debiera marcar el camino de nuestras actuales sociedades de bienestar y que tan desdibujado está quedando, en definitiva, el mensaje que nos dio quien está representado allí en un humilde pesebre de cualquier “Belén”: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”. El mismo mensaje que alumbró el artículo primero de la Declaración Universal de los DDHH.

Ese es el verdadero mensaje de la Navidad y dura 365 días.

 


Pregón de Navidad pronunciado por nuestro socio Jesús Prieto Mendaza en diciembre de 2017 en el marco de la Iglesia del Carmen de Vitoria-Gasteiz

Fotografías El Correo y Arabako Belentzaleen Elkartea-Asociación Belenista de Álava

 

 

 

 

 

 

sábado, 30 de mayo de 2020

BASELIZAK ETA KOMENTUAK. ERMITAS Y CONVENTOS. ESPACIOS SAGRADOS LIMINALES


 ERMITAS Y CONVENTOS RURALES. ESPACIO SAGRADO LIMINAL
  

Baselizak eta herrietako komentuak, erligiotasun ikurra bezala, definitu gabeko arlo batean betidanik kokatu omen dira mendeetan zehar. Herriaren eta basoaren tarte horretan eraiki dira, esparru “liminala” izenekoan. Zentzu honetan, eta gure gizartearen historioan, komunitateak herriko elizaren inguruan segutitate espazioa sortu ohi du: kristautasun lekua. Herritik kanpo, ordea, seguritate gabeko saila izaten dugu: basatia eta kristaua ez den lekua.

Bi kontrako kontzeptutaz ari naiz:Bezatutzat ematen den arloa eta aurrean basatia den arloa. Herria eta basoa. Kristautasuna eta fedegabekotasuna. Baseliza eta zenbait komentu basatia den partean dagoen kristau eremua dela esan liteke. Definitu gabeko muga honetan aritu dira baselizetatik egindako ritualak eta ekintzak, eta gaur egun XXI. mendean eguneraturik herriak berak sortutako liturgia berriak burutzen dira baselizeen inguruan
 
La religiosidad ha estado marcada siempre por su relación con la actividad social. Ya estudiosos del fenómeno como Tylor (1871) establecían que la religión en cualquier grupo humano obedecía a la necesidad de contacto con lo sobrenatural, pero también al deseo de normativizar y regular la vida social de la comunidad. Se subraya de esta forma la secular relación, no necesariamente antagónica, entre lo sagrado y lo profano.

En este sentido en la colectividad humana agrupada en torno a la estructura de villa, aldea o pueblo se recreaban aspectos que tenían que ver con lo trascendente y con lo sagrado. De igual forma se definían lugares refugio, lugares seguros y zonas exteriores o de peligro donde la indefensión era patente. Lugares limpios y lugares sucios. Lugares civilizados y lugares salvajes. Espacios domesticados por la civilización, por las leyes o por la fe; y por el contrario espacios sin domesticar, donde se encuentra lo desconocido, morada de la barbarie, de lo salvaje o de lo infiel. Muchos de estos conceptos que ahora nos parecen superados, han permanecido en el imaginario de nuestros pueblos hasta hace relativamente muy poco tiempo.


            La villa, agrupada alrededor de la iglesia y al abrigo de murallas (ahora esas murallas pueden ser virtuales o psicológicas) y casas de fuertes paredes se convertía en el lugar civilizado por excelencia. Zona segura, protegida por Dios y por la fuerza de la ayuda comunitaria. En este espacio del pueblo la vida social se encontraba regulada y el espacio natural había sido domesticado, por la agricultura y la ganadería en su aspecto ecológico y económico; y por la religión en su aspecto trascendente o social.

           
Fuera de los muros del pueblo quedaban los prados y el bosque. Ese era el espacio salvaje donde las reglas eran marcadas todavía por la propia naturaleza. Durante muchos siglos el bosque fue lugar habitado por fuerzas sin control. Espacio inseguro, oscuro, salvaje.  Basta recordar al médico suizo Paracelso que en el siglo XVI dibujaba y describía con todo lujo de detalles imaginados a los habitantes de los bosques europeos: seres deformes, monstruosos, diablos con forma de árbol, ninfas, silfos, brujas, gnomos y un largo etc... Recordemos que todos hemos crecido bajo el influjo de cuentos que nos hablaban de lobos feroces, brujas, gigantes y hombres malos que nos podían devorar si nos adentrábamos solos en el monte.
           
Dos conceptos opuestos: espacio seguro frente a espacio peligroso. El pueblo como civilizado y el bosque como espacio de barbarie han estado acotados y bien definidos. Pero también es cierto que, desde la poderosa influencia de la tradición católica, se señalaba un ámbito intermedio, un espacio fronterizo, límite entre “dentro del pueblo” y “fuera del pueblo”, dentro de la seguridad y fuera de la misma. Así encontramos en ese espacio en el límite entre lo civilizado y lo salvaje elementos arquitectónicos o simbólicos como cruceros, cementerios, conventos y ermitas.

Las ermitas, templos del bosque (es paradigmática la acepción en euskera de la palabra. Baseliza = baso + eliza = bosque + iglesia), surgen como espacios sagrados en territorio profano, o cuando menos en la frontera entre lo religioso y lo profano. En muchos casos la construcción cristiana se asienta sobre un lugar donde anteriormente han existido castros celtas, asentamientos romanos o simplemente un claro del bosque donde se celebraban prácticas precristianas. Ha ocurrido también en el caso de numerosos conventos.  La ermita sería así un espacio que nadaría en la liminalidad, ese terreno que tan bien definía Van Gennep; ese espacio límite, frontera entre la seguridad de lo civilizado y la inseguridad de lo no controlado por el hombre.
Quienes en principio habitaban las ermitas, eran eremitas que abandonaban la seguridad de la comunidad de vecinos del pueblo. Con los conventos ocurría algo muy parecido, sujeto a las normas de las distintas reglas religiosas. Unos lo hacían voluntariamente para orar en silencio y cerca de Dios, otros lo hacían obligados con objeto de purgar algún pecado o mala acción. En ambos casos muchas personas, con vocación más o menos definida, recurrían a la ermita o al convento extramuros como espacio alejado, como espacio exterior donde vivir de forma contemplativa y en fusión con la naturaleza. Eran de alguna forma colonizadores para la religión de un espacio que se encontraba en territorio de fuerzas malignas.

            A pesar de que los rituales más importantes de la comunidad se realizaban en la iglesia del pueblo, templo que representa el núcleo central del mundo seguro y civilizado, se debía intentar controlar a la naturaleza. Por eso, durante determinados días al año era necesario conjurar a las fuerzas desatadas y salvajes. No en vano de la naturaleza dependían en buena parte las cosechas y por lo tanto la economía de subsistencia del grupo humano.
Por ello muchos de estos ritos de petición de beneficios agrícolas y de salud se realizaban fundamentalmente desde liturgias que tienen lugar en las ermitas o conventos: ofrendas de productos del campo, peticiones particulares o familiares, rogativas, procesiones, romerías...Es en este espacio liminal desde donde se intenta conjurar a las fuerzas del mal, pidiendo que se alejen las tormentas, el pedrisco, la sequía o las epidemias.

            Los santos protectores tienen su eficacia. Como muy bien apunta ese extraordinario antropólogo alavés que es Josetxu Martínez Montoya [1] ...el espacio ritual cambia, los referentes climáticos y organizacionales varían, pero el agente social es el mismo. Es el pueblo el que intenta proteger los campos que ha sembrado meses antes.

            Hoy, la geografía alavesa sigue teniendo vida en mucho de estos espacios liminales, Nuestra Señora de Angosto, en el valle de Valdegobia o Ibernalo, en Santa Cruz de Campezo, siguen teniendo vida y sentido para las comunidades cercanas. Edificios o instituciones, rodeadas de un misterioso silencio (en muchos casos en ruina) son testigos de unas tradiciones y una historia que reinventamos, readaptamos o redefinimos constantemente, desde la voluntad de seguir siendo un grupo humano que se considera y autodenomina pueblo.

Fotografías: Estas magníficas copias antiguas han sido conocidas gracias a la escritora e investigadora, experta en nuestro patrimonio arquitectónico, Camino Urdiain. Por sus referencias sabemos que fueron encargadas por la Diputación Foral de Álava a Schommer Koch en 1950 (ATHA-DAF-DAI-PP-005-094 a97)



[1] Mtz. Montoya J. (1996) Pueblos, ritos y montañas. Prácticas vecinales y religiosas en el tiempo y en el espacio de la comunidad rural. Bilbao. Desclée De Brouwer.

jueves, 9 de abril de 2020

TEODOSIA DEUNAREN LIZARRAK. ARBOLA ETA ARBOLAK ADIERAZTEN DUEN MIRISMENA - LOS FRESNOS DE SANTA TEODOSIA. EL ÁRBOL COMO REPRESENTACIÓN VENERADA



Leku sakratu guztiek heuren zaindariak ote dituzte?
Horrela bada Teodosia Deunaren  baselizak badauzka bereak: parean dauden lizarrak hain zuzen. 

Done Bikenditik edota Iturrieta aldetik ailegatzen  garenean, lizar sendo eta dotore hauek aspalditik agurtzen digute.  Erromeria egunetan, eguzkitsuak izanez gero, bertan prestatzen den tabernetan, hizketan aritzen direnei freskura ere luzatzen diete 

Indoeuropear kulturetan zuhaitzaren mirespen nagusia izan da, herri gehienen artean arbola zerbait sakratu bezala hartu da, bereziki zeltiar eremuan eta euskal kulturan ere bai. Hori dela eta arbola beti jainkoekin lotu da. Gaur egun hori aldatu bada ere zuhaitzak herriarentzako sinbologia berria dauka. Naturarekiko lotura berri bat sortu du gure gizartean; ekologia eta ingurune orekatuagoa dira gaur egungo baloreak, eta zalantzarik gabe esan daiteke arbolak giza bizitzan  garrantzia  jarraitzen duela izaten. 

Después de acceder a de Santa Teodosia, bien desde San Vicente de Arana o desde la carretera de Iturrieta, en un día soleado la sombra que nos ofrecen los viejos e imponentes fresnos que se encuentran detrás de la ermita se agradece. Bajo sus ramas se entablan las conversaciones de los conocidos de distintos pueblos de la comarca, se compran exquisitos quesos o se beben unos vasos de vino en la taberna preparada para la romería. No olvidemos que una de las funciones de la romería, y la reunión bajo los fresnos es un ritual más de la misma, es fomentar la cohesión e identidad de los habitantes de la zona, Roitegi, Onraita, Valle de Arana y aldeas de la Llanada que comparten los pastos comunales de la “Parzonería de Entzia”, cuyas ordenanzas recogió de forma magistral el antropólogo alavés Josetxu Mtz. Montoya en su libro “Pueblos, ritos y montañas”.  

  
Sin duda, como ocurre con estos monumentales fresnos, el árbol ejerce su atracción, como la luna, el agua o el fuego, sobre los hombres. Un árbol nos indica que es navidad, al igual que con sus ramas celebramos las “enramadas” por San Juan o las “palmas” del Domingo de Ramos; sobre un tronco graban sus inscripciones los enamorados, sello de compromiso y reconocimiento de su mutuo afecto; la fuerte viga de roble es el sustento de nuestras casas al igual que del “gailur” del tejado;  entre sus ramas instala los “zumbeles” el cazador de palomas y tras él quien acecha al jabalí; el árbol nos proporciona el fuego del hogar, material que nos llega en forma de “suertes”; del árbol obtenían la madera Satur Vidán el yuguero; con las ramas de laurel  se decoran los balcones buscando protección, de igual manera que el tronco de haya del “mayo” pretende conjurar tormentas (“nublaos”) y granizo (“piedra”), protegiendo las cosechas;  bajo el árbol sagrado de Gernika se juraban los fueros de Bizkaia, al igual que el árbol Malato, en la localidad de Luyando, marcaba las fronteras del señorío y concitaba a los notables de Ayala; con los troncos y ramas de los árboles se quema todo lo malo de la aldea en la noche mágica de San Juan abriéndonos a un periodo de luz y fertilidad, representado por el verano... el árbol en definitiva como un elemento cargado de fuerte simbología para nuestra concepción del mundo .

        

      No podemos olvidar que, entre los pueblos indoeuropeos, especialmente en la cultura celta, el árbol ha sido un elemento venerado. Raíces, tronco, ramas y hojas, en su conjunto, eran consideradas parte de una deidad y poseían una fuerte carga simbólica, mágica, protectora o curativa. El árbol representaba también la fortaleza. Se erguía desde el suelo (allí donde se encuentra lo perecedero, reposo de los muertos, representación del infierno en su subsuelo) hacia el cielo (hacia las alturas, hacia el infinito, donde habitan los dioses y lo sagrado) como buscando al creador. Bajo él celebraban sus rituales los druidas y de él extraían pócimas y ungüentos. Figura central de la religiosidad céltica, como cuenta con erudita pasión el profesor de Deusto Dr. J. Villacorta, es precisamente, y de nuevo, la referente al "árbol de la vida".

Los árboles, para nuestros ancestros, representaban un espacio económico del cual obtener determinados elementos que podían contribuir a mejorar las condiciones de los lugareños (leña para los hogares, indispensable elemento para producir carbón, material de construcción, materia prima para objetos y mobiliario domésticos, aperos de labranza, espacios para la ganadería, lugares de caza...), y basta recurrir a un simple estudio etnográfico de nuestros usos y costumbres. Pero ello no impide constatar que también ocupaban un espacio sagrado, un espacio de contacto con lo trascendente. El árbol se convierte en cruz, la cruz que albergó a Jesucristo en su agonía y muerte. Torna, bajo la mano experta del artista, en retablo, de madera, siendo representación de la voluntad de ascender por los muros de la iglesia hacia las alturas, como si de una   alegoría de las ramas se tratara.

En la actualidad los árboles, los bosques siguen conservando su fuerte atracción para todos nosotros y también para la comunidad, para el pueblo. Quizás los dos aspectos mencionados anteriormente han perdido fuerza, pero se han incorporado otros que siguen subrayando la importancia del haya, del roble, del fresno, del arce, del chopo...se ha redefinido el monte como un espacio de clara conciencia ecológica a la vez que se utiliza como área de esparcimiento lúdico-festivo, en una nueva interpretación del tiempo de ocio. Sin duda los desastres ecológicos y la clara toma de conciencia por parte de las nuevas generaciones de la necesidad de respetar el medio en el que vivimos han contribuido a ello. Buena muestra son actividades como el Día del Árbol, jornadas micológicas, recogida de basuras en los bosques por parte de alumnos y alumnas de centros educativos, etc... Las nuevas formas de ocupación del tiempo libre también han contribuido a cambiar entre nosotros la visión del bosque. Mas que como espacio para el trabajo, es observado como posibilidad de práctica deportiva o de disfrute. Los grupos de montaña, los paseos en mountain bike y el senderismo han arrebatado el protagonismo de la actividad humana a labores tradicionales como el pastoreo, las carboneras, las limpias o la recogida de “abarras”.

        Nada permanece inalterable. Todo cambia, en estos tiempos que nos ha tocado vivir a velocidad de vértigo, pero el fresno majestuoso sigue atrayendo nuestra mirada. Son tiempos de nuevas tecnologías (Anna Harendt diría que nos acecha un futuro de tecnologías sin alma) y revoluciones informáticas, a pesar de ello, en la vida real el majestuoso árbol nos saluda al llegar a la ermita.

¿Tan solo unos fresnos?
No amigos, aunque no nos lo parezca, son mucho más que unos simples árboles.



Testua: Jesus Prieto Mendaza

Argazkiak/Fotografías: Vicente Guinea Glz. de Artaza, turismo.euskadi.eus, historiasdeayala.blogspot.com e EITB.eus/rado/radio-vitoria