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lunes, 14 de octubre de 2024

TRAS LAS HUELLAS DE ÁLAVA EN LAS CALLES DE MADRID. Un paseo por el centro (II)

Eduardo Madinaveitia bazkideak bigarren ekarpena bidali digu, Madrileko kale-izendegian Arabarekin nolabaiteko lotura dauzkaten kale eta bazterren inguruan.  Eskerrik asko Eduardo.

El socio Eduardo Madinaveitia nos envía una segunda aportación sobre las calles y rincones de Madrid conectados de alguna manera con Álava.  Gracias Eduardo.

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En esta ocasión mi paseo me llevó al centro de la capital, en la zona del Palacio Real.

Empezamos este recorrido en la Plaza de Isabel II, desde la que podemos contemplar la estatua de la Reina que le da nombre y la fachada trasera del Teatro Real, un edificio que, como muchas personas, guarda su mayor belleza en el interior. 


El teatro se construyó en la primera mitad del siglo XIX, entre 1818 y 1850, con proyecto del arquitecto López Aguado, sucedido a su muerte por Custodio Moreno. Todos los avatares que se vivieron a lo largo de su construcción dieron lugar a un edificio poco conseguido. Su interior ha experimentado varias remodelaciones hasta convertirlo en el Teatro de Ópera moderno que es hoy, dicen que uno de los mejores del mundo.

La estatua de Isabel II, realizada por José Piquer, se inauguró en 1850, más o menos a mitad de su reinado.

Si, mirando hacia el Teatro Real, nos dirigimos hacia la derecha, enseguida encontramos la calle Arrieta.


Arrieta era el apellido de mi abuela materna. En realidad el nombre de la calle se debe al compositor navarro Emilio Arrieta, que falleció en el número 8 de esta calle, cuando aún se llamaba calle de la Biblioteca. En España hay varios pueblos llamados Arrieta; incluso tengo una foto en la isla de Lanzarote ante un cartel que indica una localidad llamada así. Pero a mí me recuerda el pueblo de nuestra Llanada que podría ser el origen del apellido del músico.

En la calle Arrieta encontramos un edificio singular, actualmente en obras: la Real Academia de Medicina. En ese mismo lugar se ubicaba la Biblioteca Nacional hasta mediados del siglo XIX, que daba nombre a la calle. (1)



Arrieta es una calle corta, que termina en la Plaza de la Encarnación. Mirando al frente al terminar la calle podemos ver el Convento de la Encarnación 

que bien merece una visita. Se trata de un convento construido a principios del siglo XVII, en tiempos de Felipe III; el arquitecto fue fray Alberto de la Madre de Dios, uno de los mayores arquitectos del primer barroco español.

Girando a la izquierda frente al convento, hasta situarnos casi en paralelo a la calle Arrieta, nos encontraremos con la Plaza de Oriente, con el majestuoso Palacio de Oriente ocupando la mayor parte del horizonte hacia la cornisa Oeste de Madrid.

La Plaza de Oriente es el feudo de uno de los alaveses que ha triunfado más en España: el Cura Lezama. Luis de Lezama, nacido en Amurrio, periodista además de sacerdote, es uno de los precursores de la cadena COPE, la radio de la Iglesia, a principios de los años setenta. Pero como ha sido siempre más conocido es por su faceta como hostelero, con un grupo compuesto por más de veinte restaurantes situados en varias ciudades de España y Estados Unidos.

Este imperio hostelero nace como parte de su obra social: a principios de los años setenta funda La Taberna del Alabardero, para dar formación y trabajo a un grupo de jóvenes marginados con los que trabajaba en un albergue del barrio de Vallecas.

La Taberna del Alabardero no está propiamente en la 

Plaza de Oriente (curiosamente una de las plazas más occidentales del centro de Madrid) sino en la calle de Felipe V, frente a una de las fachadas laterales del Teatro Real.

Los que sí están en plena plaza, ocupando casi toda la fachada opuesta al Palacio Real (justo al lado del Teatro) son los otros restaurantes del grupo: el Café de Oriente y la Botillería del Café de Oriente. 


Son lugares en los que no es raro encontrarse con rostros conocidos de la sociedad madrileña. En el Café hay un rincón dedicado al dibujante Antonio Mingote, que tuvo allí su tertulia durante varios años.

En la plaza encontramos otro elemento que, al menos a mí, nos recuerda a Vitoria: a lo largo de dos paseos situados a ambos lados, perpendiculares al Palacio, encontramos un buen número de estatuas de reyes de los diferentes reinos que acabaron formando España: Asturias, Navarra, León, Castilla, Aragón y algunos reyes visigodos de antes de la invasión musulmana.

En el Parque de la Florida, donde tanto jugué a la salida del Instituto, existen cuatro estatuas de esa misma colección. Son las correspondientes a Ataúlfo, Sigerico, Teudis y Liuva I.

Intenté buscar a Sancho el Sabio o algún otro rey que tuviera relación con Vitoria, sin éxito. Hasta que encontré que Ataúlfo no sólo está en la Florida, también en la Plaza de Oriente.

Se cuenta que, cuando en el siglo XVIII se construyó el Palacio de Oriente, tras el incendio del Alcázar, se quiso adornar sus fachadas con estatuas de todos los reyes que hubiera habido en la zona cristiana de España a lo largo de toda la historia. Pero alguien se equivocó en los cálculos: la estructura del palacio no resistiría el centenar de estatuas de piedra de más de dos metros de altura que se habían construido. Así que se decidió distribuir las esculturas sobrantes por diversos lugares, entre ellos Vitoria. En la Plaza de Oriente hay veinte. Y no sé si hay muchas personas que sepan que Ataúlfo está en dos lugares a la vez: en el Parque de la Florida de Vitoria y en la Plaza de Oriente de Madrid.

Abandonamos la Plaza de Oriente y nos dirigimos hacia el Sur, dejando a la derecha la Catedral de la Almudena. La explanada que se sitúa entre el palacio y la catedral merece una visita a la hora de la puesta de sol.

Ahora giramos hacia el Este. Tomamos la calle Mayor en dirección a la Puerta del Sol, iremos dejando a los lados edificios muy interesantes como la sede del Consejo de Estado, el Instituto Italiano de Cultura o la Plaza de la Villa, con el antiguo Ayuntamiento.

En la acera de la izquierda, ya muy cerca de la Puerta del Sol, podemos tomarnos un aperitivo en una de las pastelerías más bonitas de Madrid, El Riojano, 

que bien podría proceder de la Rioja Alavesa.

Justo detrás de la Puerta del Sol, en la calle de La Paz, encontramos el Teatro Albéniz,


dedicado al compositor de ascendencia vitoriana Isaac Albéniz. Vuelve a ser teatro, uno de los muchos que ofrecen musicales, ahora compartiendo espacio con un hotel, después de diversos avatares, entre ellos ser uno de los cines en los que se proyectaban películas con las tecnologías más modernas de cada momento.

Desde ahí nos dirigiremos, ya como fin del paseo, hacia la calle de las Huertas. Pasaremos por las plazas del Ángel y de Santa Ana, seguro que muy transitadas; seguimos en una de las zonas más turísticas de Madrid. En el número 13 de la citada calle, en una casa con una bella puerta modernista, 


encontramos una placa de mármol que nos recuerda que en ella vivió y murió Ricardo Becerro de Bengoa, escritor, catedrático, académico, diputado a cortes por Álava y senador del Reino.  


Siempre recuerdo que en la calle de su nombre estaba el instituto donde yo estudié, en el edificio que actualmente ocupa el Parlamento Vasco. Por cierto, mi otra abuela, la paterna, se apellidaba Bengoa.

Becerro de Bengoa escribió varios libros sobre Álava (El libro de Álava, Descripciones de Álava,...); además fue, como mi padre, Ramón Madinaveitia, catedrático de Química, en su caso en el Instituto de San Isidro.

(1) Al pasar por el Teatro de la Zarzuela he visto que dentro de unos días ponen Marina, de Emilio Arrieta,



TRAS LAS HUELLAS DE ÁLAVA EN LAS CALLES DE MADRID. Un paseo por Chamberí (1)

https://celedonesoro.blogspot.com/2024/05/tras-las-huellas-de-alava-en-las-calles.html


Testua eta argazkiak: EDUARDO MADINAVEITIA (Paseante)

martes, 21 de mayo de 2024

TRAS LAS HUELLAS DE ÁLAVA EN LAS CALLES DE MADRID. Un paseo por Chamberí (I)


Chamberi auzoa / Barrio Chamberí

Eduardo Madinaveitia gure bazkidea Madrilen bizi da eta behin jubilatuz gero Espainiako hiriburuan zehar ibiltzen da, eraikin ikusgarri edota bitxiak erretratatzen eta dokumentatzen, eta bere sare sozialean  MIS PASEOS POR MADRID titulupean argitaratzen.

Orain gure txoko honetan publiaktzera animatu da. Eta Chamberi auzotik ekin dio. Eskerrik asko Eduardo!

El socio de Celedones de Oro Eduardo Madinaveitia vive en Madrid y una vez jubilado dedica mucho de su tiempo a pasear por la capital de España, retratando y documentando edificios y rincones singulares y los publica en redes sociales bajo el epígrafe de MIS PASEOS POR MADRID.

Ahora se ha animado a publicar en este nuestro rincón. Y comienza con el barrio Chamberí. ¡Muchas gracias Eduardo!

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Llevo casi cincuenta años viviendo en la misma casa del barrio de Chamberí de Madrid pero, hasta que hace unos meses tomé un café con Josemari, mi compañero de Preu de hace aún más años, no se me había ocurrido la idea de pasear por Madrid buscando huellas de Álava. Esta vez tampoco se me ocurrió; la idea fue suya. Y me pareció una buena idea.

Estoy seguro de que la huella de Álava es mayor de lo que voy a reflejar en estos artículos. Desde que me lo propuso he encontrado áreas enteras con nombres de pueblos de Álava por la zona de Coslada y por la de Fuencarral/El Pardo. Así que la idea va a dar para más de un artículo. Pero vamos a empezar por lo fácil, lo que me pilla cerca de casa.

Nada más salir me encuentro con la calle Zurbano. Y aunque el nombre de la calle no se deba al pueblo de las proximidades de Vitoria sino al general de ese apellido, nacido en Varea, La Rioja, veo que en una de sus variadas intervenciones en las guerras civiles del siglo XIX creó un “Batallón de Voluntarios de la Rioja Alavesa” para apoyar la causa isabelina. En 1845, tras una sublevación apoyando a Espartero, es capturado y fusilado en Logroño junto a sus dos hijos.

En el inicio de la calle, en su esquina con Génova, justo enfrente de la actual sede del PP, estuvo durante muchos años la sede en Madrid del Banco de Vitoria.

Academia de Cine

La calle de Zurbano está llena de edificios singulares. Muy cerca de ese comienzo en la calle Génova está un palacete del siglo XIX, actual sede del ICAA (la Academia de Cine); si damos unos pasos más nos encontramos con el Palacio de los Marqueses de Casa Riera, en el que nació en 1928 la Reina Fabiola de Bélgica. Actualmente, con el nombre de Palacio de Zurbano, es la sede del Ministerio de Fomento. 

Palacio de Zurbano

Zurbano es una calle en la que convivían edificios oficiales junto a varias embajadas. Poco después de su cruce con la Calle Almagro nos encontramos con la Embajada de Suecia y enfrente el Hotel
Santo Mauro, que hace años era la Embajada de Filipinas (y antes la de Canadá o la de Rumanía). El edificio fue construido a finales del siglo XIX, con proyecto del arquitecto Juan Bautista Lázaro, para el Duque de Santo Mauro, cuyos descendientes siguen ostentando la propiedad del edificio. Recientemente se ha procedido a una remodelación de la mano del interiorista Lorenzo Castillo. Es uno de los hoteles de más lujo de Madrid. Sus tranquilos jardines merecen una visita. 

Hotel Santo Mauro

Pero volvamos hacia atrás, por la calle Almagro. Llegamos así a la Calle Sagasta donde en su número 12 una placa nos recuerda que en ese lugar vivió y murió el músico vitoriano Jesús Guridi, autor de la zarzuela El Caserío, de la ópera Amaya y de las Diez melodías vascas, entre otras muchas obras. 

Placa recordando a Guridi

Si cruzamos a la acera de los impares y avanzamos unas pocas manzanas nos encontramos con la calle Eguilaz. Como no he podido encontrar el origen de este nombre (en el barrio abundan las calles que hacen referencia a las guerras del siglo XIX y ahí podríamos encontrar una explicación) voy a suponer que se debe a nuestro pueblo, famoso por su Dolmen. En el otro extremo de la calle, justo en la esquina con la calle Luchana, nos encontramos con uno de los edificios modernistas más interesantes de Madrid. El antiguo Palacete de Pilar Portero es ahora un edificio de viviendas. Se construyó en la segunda década del siglo pasado con proyecto del arquitecto Ricardo Marcos Bausá. Toda la fachada merece un rato de contemplación, especialmente los balcones, la puerta y los decorados de las ventanas. Es uno de los mejores exponentes del, por otra parte escaso, art nouveau madrileño.

Palacete de Pilar Portero

Si giramos hacia la derecha en la calle Luchana sólo tenemos que subir unos pocos cientos de metros para encontrarnos otra calle con resonancias vitorianas. El que fuera Presidente del Gobierno Eduardo Dato no era precisamente alavés, pero todos los gasteiztarras hemos paseado por la calle Dato y hemos contemplado en el Parque de la Florida la estatua del presidente asesinado en 1921 en Madrid.

La calle de Eduardo Dato también merece un paseo contemplando sus edificios singulares. Ya en su primera manzana nos encontramos con el Colegio Blanca de Castilla (antiguo de las Damas Negras). Construido con proyecto de Vicente Lampérez es un edificio de ladrillo visto (como otros de la misma calle), con elementos modernistas y art nouveau. En mi caso tiene además un aspecto entrañable: es el colegio en el que estudió mi hija Usúe y ahora lo hace mi nieto Unax. También pasaron por el cole un buen número de famosas: la actriz Elsa Pataki, la modelo Nieves Álvarez, la deportista Coral Bistuer o la actual presidenta de la comunidad de Madrid Isabel Díaz Ayuso. 

Colegio Blanca de Castilla

Sólo hay que cruzar la calle Fernández de la Hoz y nos encontramos con otro gran edificio de ladrillo, el actual Colegio Nicoli, hasta hace poco de San Diego y San Vicente de Paul. Fundado como asilo de San Diego y San Nicolás a principios del siglo XX por iniciativa de los marqueses de Vallejo. Tras la guerra civil fue sede de la escuela de Magisterio de la Iglesia. 

Colegio Nicoli

Si avanzamos un poco más, veremos la torre neomudéjar de la Iglesia de San Fermín de los Navarros. Se construyó entre 1886 y 1890 con proyecto de los arquitectos Eugenio Jiménez Corera y Carlos Velasco. Desde 1995 es Bien de Interés Cultural. Es el centro de reunión de nuestros vecinos navarros en la capital. Es un edificio con una curiosa mezcla de estilos, desde el neomudéjar del exterior al neogótico de sus tres naves. 

Iglesia de San Fermín de los Navarros

Ya hacia el final de la calle, muy cerca del Paseo de la Castellana nos encontramos con la Glorieta de Rubén Darío, que está rodeada de edificios singulares.

Palacio Valencia de Don Juan

Si avanzamos un poco más, podemos admirar otro edificio de ladrillo con características neomudéjares, el Palacio de Don Guillermo de Osma, construido en 1916 para albergar la sede del Instituto Valencia de Don Juan, con proyecto del arquitecto Enrique Fort, si bien ha experimentado varias ampliaciones y remodelaciones. En la actualidad es una de las sedes del Defensor del Pueblo.  La otra, se sitúa justo en la esquina de dos calles de las que he hablado, Zurbano y Eduardo Dato, pero el edificio no es tan característico.

Ya estamos cerca del final de este breve recorrido. Si cruzamos al otro lado de la calle y avanzamos por la de Fortuny, nos encontramos con otra calle de resonancias alavesas, la del Marqués de Riscal. Aunque ese marquesado no sea propiamente alavés, cuando oímos ese nombre lo primero que se nos viene a la cabeza es la bodega centenaria radicada en Elciego. Y ahora incluso el Hotel del mismo nombre diseñado por Frank Ghery.

Frontón Beti Jai

La calle Marqués de Riscal está llena de edificios señoriales, pero hay uno que se ha convertido en visita obligada: el Frontón Beti Jai. Inaugurado en 1894, abandonado durante muchos años y restaurado recientemente, entre los años 2015 y 2019. Promovido por el donostiarra José Arana, se realizó con proyecto de Joaquín Rucoba, autor también del edificio del Ayuntamiento de Bilbao y de la plaza de toros de Málaga. Su parte exterior recuerda a una plaza de toros, pero la belleza está en su interior: las gradas recuerdan a las corralas de algunos barrios de Madrid. Para visitarlo es necesario reservar plaza en alguna de las numerosas visitas guiadas, que son gratuitas. 

 

Testua eta argazkiak: Eduardo Madinaveitia (Mis paseos por Madrid)