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sábado, 3 de octubre de 2026

PEÑUÑO, TASIOREN TXABOLA/ JESUS PRIETO MENDAZA / PEÑUÑO, LA TXOZA DEL TASIO

 

PEÑUÑO, LA TXOZA DEL TASIO   

     ( Jesús Prieto Mendaza)     

    "Furtivo" hitza erabiltzen dugunean, normalean jendeak eskrupulurik gabeko ehiztari bati buruz ari garela pentsatzen du. Zalantzarik gabe holakorik egon badaude, baina ez dira horietakoak nik testu honetan errekuperatzen ditudan gizonak. Ez. Neuk aipatzen ditudanak nolabaiteko etika naturalari loturik ikusten ditut. Horietakoak dira Mendialdekoak, hemen aurkezten dizkizuedan gizonak.  

    Cuando hablamos de furtivos, en numerosas ocasiones el público piensa en un cazador sin escrúpulos, haberlos los hay, sin duda, pero no me interesan. Siempre me he centrado, cuando me refiero a las personas cuyas historias acompañaron mi niñez, a esos hombres que no solamente cazaban o pescaban, sino que ejercía muchísimas más actividades, todas ellas relacionadas con el aprovechamiento del bosque o del río. Cazadores, pescadores o recolectores que lejos de hacer daño a la naturaleza, la cuidaban, la protegían, sabiendo en todo momento donde estaba el límite de su actividad.

 “Más de una vez, echando un trago de la bota y aguantando la ventisca bajo una manta entre los bojes...hasta los guardas nos lo decían. Si con vosotros da gusto ver lo limpio que está el monte. Podáis, hacéis limpias para carbón o cisco... Si os tenía que dar dinero la diputación. ¡Con lo que cuidáis vosotros el monte!” (Foronda, J. en Prieto Mendaza, J. 2004: p. 22)

     Si bien en otras zonas de la geografía vasca, en el resto de España y por supuesto en países alejados del nuestro, furtivo es sinónimo de delincuente que mata elefantes para comerciar con el marfil o ciervos en un espacio protegido para venderlos a taxidermistas sin conciencia, este, insisto, no es el referente de los furtivos de esta tierra. Su historia, y su actividad, es otra, fue la de hombres a los que la pobre economía de la zona, obligó a adentrarse en el bosque en busca de madera para hacer carbón, boj para los txirrikeros (artesanos de la madera), setas, trufas, aranes, palomas, zorros, etc. o acudir al río Ega para pescar cangrejos, truchas o “txipas”,[1] no por placer o deporte (resulta equívoco, amén de injusto, analizar este fenómeno desde la mirada de nuestra acomodada sociedad actual), sino empujados por la necesidad de supervivencia, en muchísimos casos por la simple necesidad de comer.

       Su lugar de trabajo era el bosque, el río... lo consideraban como algo suyo, como una especie de “propiedad natural”. Lejos de ser para ellos, un lugar inhóspito, salvaje, no civilizado, que inspira miedo, el monte ocupaba un lugar importante en sus vidas, era su lugar de trabajo.      

     En 1989 fallecía Tasio Ochoa Ruiz, “el Tasio”. Ese personaje que inmortalizara la película de Montxo Armendariz (1984) falleció allí, en su Zuñiga natal, en el monte, como a él le gustaba, en esa tierra fronteriza lindante con Santa Cruz de Campezo, allí donde Navarra y Álava se dan la mano. Murió en el término de Valderrota, entre encinas, pequeños robles quejigos, burrubietes[2] y bojes, no lejos de los meandros que el río Ega forma entre los escarpes del término de Inta. Un paraje que, precisamente, se ubica junto a “la Dormida”, un espacio así denominado por la gran cantidad de palomas torcaces que allí dormían en su viaje de paso otoñal.



 
Tasio Ochoa en los años de éxito de la película en la que fue encarnado por Patxi Bisquert.

 Entre las personas que salieron a buscarlo estaba su sobrino Patxi, entonces un jovenzuelo. Y es ahora este Patxi adulto el que sigue con el legado de Tasio, esa tradición familiar que empuja a buscar el aprovechamiento del monte o el rio, a la búsqueda de piezas con las que poder ampliar la despensa y complementar los ingresos familiares. Así que, siguiendo esa estela de la familia Ochoa, Patxi en la actualidad es quien se ocupa de la choza, “el puesto”, para cazar palomas torcaces de su tío Tasio. Tras años de rehabilitación, nuevas construcciones, podado de árboles y desbrozado de terreno hoy el llamado puesto de Peñuño es uno de los más reconocidos del pueblo y alrededores.

En un interesante reportaje, el periodista, y amante de las tradiciones más recónditas del territorio alavés, Paco Góngora[3], se refiere a estos hombres que vivían en ese terreno liminal, aquellos “trabajadores del bosque y del río”[4] que complementaban los ingresos familiares procedentes de hacer carbón vegetal en los claros del bosque de las Sierras de Codés o Lokiz.

“…encinas carrascas y robles de la sierra de Codés, encima de Santa Cruz de Campezo, Jesús Atauri, 'Chucho', mueve con sus gruesas manos dos cordeles. Está agazapado en la tronera hecha sobre el techo de una chabola mimetizada con el paisaje verde con ramas de madroño… De niño aprendí a 'palanquear' los árboles, prepararlos para los zumbeles. Me enseñó gente como 'el Trabuco', 'Madrugo' o 'el Diente'. Ellos lo hacían para la gente rica que eran los que tenían escopeta. De cuando en cuando cazaban y ¿sabes lo que hacían? Se asaban las palomas en el monte porque tenían hambre. En esta zona la paloma ha matado mucha necesidad. Este ha sido un pueblo muy pobre y muchos hemos salido a cazar, a pescar truchas y cangrejos para subsistir” … Aquí emerge la figura de Tasio, el personaje real (Anastasio Ochoa) nacido en Zúñiga, el pueblo próximo a Santa Cruz, que Armendáriz convirtió en leyenda con el cine. Aquel furtivo reflejó la manera de luchar por la vida en la dura postguerra. yo he salido al jabalí con él, pero su especialidad eran los cepos», agrega “el Chucho”. (Góngora, F. 2009)

La caza de la paloma con “zumbel”[5] (no al estilo de otros lugares de la geografía española donde se dispara al paso o utilizando redes, caso de las palomeras de Etxalar) ha sido una práctica muy arraigada en esta tierra fronteriza. Esta modalidad consiste en engañar a los ejemplares que, en bandada, realizan su migración anual hacia tierras más cálidas. En los zumbeles se colocarán cuidadosamente las palomas ya amaestradas (hace muchos años se utilizaba palomas ciegas), las mismas con las “pihuelas” convenientemente atadas a sus patas y las “holgueras” dispuestas serán fundamentales en esta modalidad de caza. Todavía la puja por las chozas o puestos mueve una cantidad nada desdeñable de dinero en nuestros pueblos y supone unos apreciados ingresos para las nada boyantes juntas administrativas de los mismos.



 
Patxi Ochoa en el “centro de mando” de su choza de Peñuño. Allí tirando de las distintas argollas dirige los movimientos de zumbeles y volanderas.

Esta modalidad de caza se caracteriza por el engaño. Las palomas que viajan en bandada son engañadas al ver el aleteo de las que están en los zumbeles o de las volanderas que pasan de una encina a otra. Al ser atraídas por esa llamada es cuando se colocan en el punto de mira de los cazadores que ocupan sus puestos, camuflados entre las ramas de la choza.

“…el bando de palomas torcazas se recorta contra el cielo, a lo lejos, sobre los farallones de la sierra de Lokiz. Vienen de las Landas francesas y vuelan, altas y veloces, a más de 70 kilómetros por hora. A una voz, el silencio se hace en la choza y los hombres, acechantes, ocupan sus puestos. 'Chucho' mueve los cordeles y las palomas cautivas, guiadas sabiamente, zurean y levantan las alas, atrayendo la atención del bando. Los señuelos están colocados en pequeñas plataformas, elevadas sobre hayas y encinas, y que el palomero mueve a su antojo con las cuerdas. Caperuzas grises tapan los ojos de los señuelos que, obedientes, muestran los blancos alones a sus compañeras salvajes. «Parar a las palomas es un arte», susurra…” (Méndez, J. 2012[6])

Patxi Otxoa sigue con esta ancestral tradición, pero ese respeto por la historia de su familia y vecinos no le ha impedido introducir cambios sustanciales en el terreno de Peñuño. Hace años que en vez de subir por los peldaños de madera hasta las altas ramas en las que colocar los zumbeles, cambió ese sistema por uno de “ascensores”. Por ascensores se entiende un sistema de poleas y cables con el que la paloma adiestrada colocada en su parrilla será subida hasta su lugar sin necesidad de abandonar el suelo por parte del cazador. Se podría decir que su afán por estudiar esta modalidad de caza de paloma lo ha convertido en un auténtico innovador. Así ha introducido en su choza una nueva forma, al menos en esta zona, de llamar a la bandada en vuelo: las volanderas. Esta forma de caza exige a Patxi un esfuerzo adicional, bastante más laborioso que el método de zumbeles, que también utiliza en este puesto, puesto que las palomas elegidas para la labor de engañar a sus congéneres han de volar de un árbol a otro. Para ello ha de amaestrar a los ejemplares, poniendo en cada puesto en la rama comida y agua, el adiestramiento de cada paloma puede llevar meses.

 

                                Las palomas adiestradas, en el palomar de Peñuño.

 El sistema de “volanderas” exige que las palomas, en vez de permanecer quietas en un puesto en el que tan sólo podrán mover las alas por el tirón de la cuerda de los “zumbeleadores”, se muevan. Así este nuevo sistema abandona la quietud de las palomas ciegas, los zumbeles tradicionales, para preferir la imitación del vuelo natural de las palomas torcaces.

Para ello se tira un cable fino de una rama sita en una encina hasta otra situada en otro árbol, separado por unas decenas de metros, a elección de los cazadores, dependiendo de la situación, las vistas despejadas, las posibilidades de que se posen bastantes ejemplares o las opciones de tiro. Por ese cable las palomas adiestradas harán ese recorrido con sus patas amarradas por “pihuelas” y “holgueras” a una cuerda, las palomas cambiarán de árbol realizando un vuelo libre y total. De esta forma su desplazamiento es en apariencia libre, con lo que desde la bandada se percibe como exento de peligro. Así, avistadas por la bandada, siempre algunas se desgajarán del bando y decidirán bajar para reunirse con las que han ejercido de reclamo, poniéndose así en el punto de mira de los cazadores.

 

            Patxi en su trabajo de adiestramiento de una paloma volandera.

Este sistema de “volanderas” ha dado buenos frutos en el puesto de Peñuño. Es ciertamente, y así lo confirma Otxoa, mucho más laborioso y exige mayores inversiones, tanto de adiestramiento de las aves como de ajuste de los asientos para las mismas ubicados en las ramas de los árboles. Pero esa exigencia merece la pena, antes Peñuño no era un puesto con muchas capturas y desde hace unos años destaca como uno de los más eficaces y con mejores resultados de la zona.

“Mira, este puesto se lo dieron a mi tío Tasio porque era malo, pero malo. Como su economía no le permitía pagar otros pues se quedó con él. Está situado entre barrancos y se generan unas corrientes de aire malas de verdad. Eso hacía que las palomas pasaran por otro lado. Yo con mucho trabajo y estos nuevos sistemas, he conseguido mejorar las vistas y lograr capturas envidiables. Alguno de estos años hemos estado cerca de las noventa torcazas abatidas. Eso, tal y como están los pasos últimamente es un número muy bueno.” (Patxi Ochoa)

 

                        Esta placa destaca las hazañas conseguidas en Peñuño.

 Otra de las nuevas adquisiciones, fruto de sus inquietudes y viajes, ha sido una “caja jaula francesa”. Esta modalidad, novedosa en nuestra zona, supone que la jaula con cuatro apartados que albergan una paloma en cada uno de ellos. Cuando el cazador tira de la argolla el suelo de la caja se desprende y la paloma, previamente adiestrada, sale volando, en un vuelo totalmente libre (a diferencia de las “volanderas” que por una cuerda van unidas al cable horizontal entre dos árboles) hacia una rama o bien vuelve al puesto. El vuelo natural de la paloma favorece que desde la bandada se fijen en ella mejor y sin temor alguno a ser engañadas.

 

En la fotografía esta “jaula francesa”, con las tapas caídas, es decir que ya han salido las palomas volando. Nueva forma de “engañar” al bando de torcazas introducida en Peñuño.

Pero no terminan aquí las actuaciones innovadoras de Patxi. También ha construido unos túneles, tres en concreto, de 25, 15 y 29 metros . Convenientemente tapados por malla verde y ramas, para no ser vistos desde el aire, por ellos se accede a un disparadero desde el que se divisa un árbol, roble o encina, en el que se posaran las posibles piezas sin temor a que el cazador sea divisado. Una más de las novedades, para asombro de sus paisanos, que esta chabola presenta en la actualidad.

 

                                    Imagen de uno de los túneles citados. 

Para Patxi, la caza, con ser importante, no deja de ser una parte de lo que supone mantener una choza palomera. Mantener la choza, txabola o puesto significa también continuidad. Seguir con la tradición de la familia, del pueblo de Zuñiga, mantener una cultura ancestral que le une con la tierra. No lejos de allí se encuentra la campa donde Tasio elaboraba sus carboneras, en un raso del bosque entre encinas y “roblicos” el personaje de la película “daba betagarri”[7]  a la carbonera, es decir alimentaba la misma para que se “cociera” lentamente la madera que se convertiría en carbón vegetal. No puedo dejar de mencionar a quienes todavía en los cercanos pueblos del Valle de Lana (Gastiain, Narcué, Ullibarri, Viloria y Galbarra), en Ancín o en Murieta todavía siguen con esa tradición como el incansable divulgador Carlos Ibáñez Sanz[8].

Seguir manteniendo y arreglando la choza, es continuar con la caza, aguantar el frio, el viento o la lluvia o la ventisca de nieve supone para el hombre seguir ocupando un espacio de monte. Los habitantes de los pueblos al instalarse, aunque sea tan sólo por unos meses, en el terreno del bosque toman de forma simbólica ese “espacio inhóspito”, salvaje, lo mantienen como propiedad del “espacio seguro” que representa el pueblo. Me gusta citar a un autor que recurre muchísimo a este concepto, se trata de Eric Wolf.

Este autor, que estudió en profundidad numerosas comunidades campesinas, se refería, desde una perspectiva neo-marxista, en sus reflexiones sobre los ecotipos campesinos 6  a los conceptos de “propiedad natural”7y “libertad instintiva”. Se refería con ellos a la percepción que poseen en gran medida los habitantes del mundo rural, según la cual el cobrarse una pieza de las que abundan en estado salvaje en los campos, no obedece sino a unas reglas que han estado, están y estarán en la propia esencia de la naturaleza. Así, añado yo, cobrarse una pieza (sea una paloma, una codorniz, una trucha, coger hongos o cortar un boj...) es un ejercicio que nadie puede impedir, aunque sí acotar para preservar el medio natural.

Cobrarse la vida de un animal representa algo ancestral desde que fuimos cazadores-recolectores, rememora la lucha entre lo salvaje y lo civilizado, sería un “rito de paso” según la terminología clásica de Van Gennep.8 Hacerlo es lo normal, lo habitual, lo bueno para pasar a ser un hombre de la comunidad.

¿Qué por qué salgo al monte y al río?  ...  porque siempre ha sido así, ¡joe! Lo hacia mi abuelo, mi padre…Toda la vida se ha hecho esto. (Julián Foronda en Prieto Mendaza, J. 2004: p.24) 


Podríamos decir que es el “puesto de control” de Peñuño. Tirar con destreza de estas argollas hará que las palomas, sean volanderas, en zumbeles o desde jaulas hagan su trabajo.

 

“…por aquí, cada vez pasan menos: al punto de que hace tres años se subastó el puesto por 1.030 euros y esta temporada solo se han pagado 5 euros por la parada. Chucho sale del puesto y nos enseña las artesanas escaleras de roble por las que trepa a los árboles para situar los reclamos antes de la amanecida. En varios de ellos hasta se conservan los clavos y los viejos tacos de madera de haya que, a modo de peldaños, servían antes a los palomeros para «palanquear» los árboles… «Era el modo de comer entonces. Nosotros, que somos más que nada tirando a pobres, veníamos al puesto con ocho cartuchos. No se desperdiciaba un tiro; esperábamos que se juntaran dos o tres palomas para disparar. Hasta ocho palomas he matado yo con tres tiros», añora. «Luego las vendíamos o las llevábamos al Restaurante Casino, para que las guisara la Joaqui”. (Méndez, J. 2012)

 

Vista desde Peñuño, los arbustos se podan para dejar despejada la vista a posibles bandadas. Las encinas convenientemente podadas, esperan, si la suerte es propicia, que se posen en sus ramas las torcaces.

 Termino esta narración sobre la chabola de Tasio, del Tasio con esta poesía que introduje en un pequeño libro, publicado hace muchos años, en la que fue una sencilla aproximación a la actividad de “los furtivos” de estas tierras a caballo entre Navarra y Álava. Unas letras que pretendían, y pretenden, rendir homenaje a la sacrificada vida de aquellos hombres y a quienes hoy, como ocurre en Peñuño, siguen manteniendo vivas estas actividades.

 

"Goseak jota, mendirako bidean, orduak eta orduak, bertan zain, pagadian. Pobreziak bultzaturik, ibaiko zidorrean, egunak eta egunak izkutaturik, Ega uhertzetan.

Eskopeta, kainabera, perretxikoak sartzeko saskia, aizkora edota eskuak, dena baliogarria... gosea kendu beharrean, kodes mendizerra lekuko haiz ixilean".

     La sierra de Codés ha sido su testigo durante años. Escondidos en el hayedo, a la orilla del río, empujados por el hambre...ahí han estado. Junto a ellos una escopeta, una caña, una cesta.



[1] Pequeño pececillo de aproximadamente 6 cm. otrora abundante en estos cauces fluviales, apreciado preparado frito, su nombre científico es Phoxinus bigerri.

[2] Denominación en esta zona del escaramujo, rosa mosqueta o rosal silvestre, que por sus propiedades astringentes se conoce popularmente como “tapaculos”.

[3] Góngora, F. El hombre que se subía a los árboles, Diario El Correo, domingo 25-10-2009.

[4] Prieto Mendaza, J. (2004: p. 22) El furtivismo en la Montaña Alavesa. Algo más que pícaros o burladores, Ohitura-D.F.A.

[5] En otros lugares denominado cimbel, se trata del asiento donde se coloca la paloma que deberá aletear y hacer así que la bandada descienda y se pose. Gerardo López de Guereñu, recoge esta palabra en su libro Voces Alavesas, cuya primera edición data de 1958. Edición de 1998, Bilbao, p. 285.

[6] Méndez, Julián Diario Los últimos del zumbel El Correo, domingo 11-11-2012.

[7] Dar betagarri. Acción de prender, “alimentar” y facilitar el “tiro” de la carbonera.

[8] Carlos Ibañez ha hecho un excelente trabajo etnográfico sobre las carboneras y además una valiosa labor pedagógica explicando, en su finca de Ancin, cómo se hacía el carbón antaño.

6 Wolf, E. (1973) Las luchas campesinas del siglo XX. Edit. Siglo XXI. Madrid. p. 59 y 72

7 El bosque, en la cosmología del mundo rural es de todos, siempre ha estado ahí y siempre estará. No es de nadie, mucho menos de los señores o poderosos. Es un lugar libre y sin leyes, salvo las del más astuto.

8 Van Gennep, A. (1986). Los ritos de paso. Madrid. Taunus.

 

 

domingo, 29 de junio de 2025

Bideoa. MENDIALDETIK IBILBIDE EDERRA - HERMOSO RECORRIDO POR MONTAÑA ALAVESA. Vídeo

     BIDEOA



    Ekainaren 28an, berriro Arabako Koadrila bat aukeratu genuen bisitatxo bat egiteko, Honetan Arabako Mendialdea izan zen gure helburu. Gasteiztik irten eta zuzenean, Azazeta mendatea pasata, Atauri herrira ailegatu ginen. Bertan, Mina Lucia izeneko meategian zehar bisita gidatua garatu zen. XX. mendeko erdira arte meategi honek  aktibitatea izan zuen hain beharrezkoa zen asfaltoa ateratzeko. Asfaltoaren ekoizpenari buruzko hainbat bitxikeria eta informazio lortu genituen. 

El sábado 28 de junio una vez más, decidimos visitar una nueva Cuadrilla Alavesa, En esta ocasión nos decidimos por Montaña Alavesa. Con ese objetivo y saliendo desde Vitoria-Gasteiz, tras pasar el puerto de Azázeta, llegamos al pueblo de Atauri. Este municipio mantuvo la explotación de sus minas de asfalto hasta bien entrada la primera mitad del S. XX. Aquí realizamos una muy interesante visita guiada a la conocida como Mina Lucía. A través de sus angostas galerías y siguiendo las explicaciones de nuestro monitor, supimos más sobre el asfalto, su sistema de extracción y su importancia.

    

    Ondoren Maeztu herri aldera abiatu ginen. Arraia Maeztuko udaletxean, oso atsegina izan zen alkatesak, Ana Asunción Fdz. de Monge, ongi etorria eskaini zigun. Ekitaldian Urrezko Zeledonen presidenteak, Josemari Velez de Mendizabal, harrera eskertu eta gure erakundearen laguntza aurkeztu zion. Ez zen faltatu oparia, ohi dugun bezala, alkatesari Zeledon iruditxo batekin bere amabilitatea eskerto genion. 

Después de abandonar Atauri nos dirigimos a Maestu, En esta preciosa localidad, núcleo de Arraia Maestu, fuimos recibidos en su ayuntamiento por la alcaldesa, Ana Asunción Fsz. de Monge, quien con amabilidad extrema nos acogió y ofreció la hospitalidad de la zona. Como es habitual, desde Celedones de Oro, y en palabras de su presidente Josemari Vélez de Mendizabal, nuestra institución también se presentó y ofreció su colaboración, regalando a Ana una figura de Celedón. La ceremonia fue seguida de cerca por Asun Gorospe, que, además de Celedón de Oro, es una hija conocida del pueblo.







    Maestuko jatetxe atsegin batean kafetxoa hartu eta ondoren Apelaiz herrira joan ginen Maria Elisa Rueda Urrezko Zeldeonaren eskutik. Elisa eta Iñakik, gaztainondoak direla eta famatua den herri honetan etxea daukate eta anfitrioi bikainak izan ziren. Apelaizen, eta Sergio alkateari esker, herriko kaleak, errota zaharra eta garbitokiak bistatu genituen. Gogoratu behar da herri honetan Gerardo Lopez de Gereñuk lan asko egin zituela. 

Tras la visita a Maestu y de la mano de Elisa Rueda - Celedón de Oro- y su marido Iñaki, que fueron unos excelentes guías ya que ellos tienen casa allí, nos dirigimos a Apellaniz. Este pueblo, tan estudiado por Gerardo López de Guereñu y famoso por sus bosques de castaños, es una bella localidad situada bajo la peña de San Cristóbal. Allí, gracias a su alcalde Sergio Mtz. de Rituerto, visitamos sus calles, casas, varios lavaderos y su precioso molino harinero.





    Jardunaldia Virgala Mayor herriko jatetxean bukatu zen. Bazkari ederra eta adizkidetasuna ezin hobea. Benetan jardunaldi polita Mendialdean bizi genuena. 

La jornada, calurosa en extremo, finalizó en Virgala Mayor, en cuyo restaurante degustamos una estupenda comida. Jornada de hermanamiento, amistad y buen humor. Podemos decir que fue una bonita jornada la vivida en Montaña Alavesa.







Argazkiak/ fotografias: Urrezko Zeledonak Celedones de Oro

Bideoa: Eloy González Gavilán 

sábado, 26 de marzo de 2022

ARABAKO MENDIALDEKO ONDARE INMATERIALA - BEATRIZ GALLEGO ANTROPOLOGOAREN ESKUTIK - PATRIMONIO INMATERIAL DE MONTAÑA ALAVESA

Duela hilabete batzuetatik hona, Labrit Ondarea, Kultur Ondare Immaterialaren kudeaketa integralean espezializatutako enpresa, Arabako Mendialdeko Kultur Ondare Immaterialaren (KOI) Aurreinbentarioa egiten ari da. Lan hori Eusko Jaurlaritzak onartu eta finantzatuko du. Gaurko bileran, Haranako Udaletxean, helburua izan da, batetik, egiaztatzea ea, hain zuzen, identifikatu diren kultura-adierazpen immaterialak bat datozen gaur egun benetan irauten dutenekin, eta, bestetik, zerrenda osatzea aurrez identifikatu ez diren indarreko adierazpenekin.  

Urrezko Zeledonen Elkarteko kidea den Beatriz Gallego Muñozek (Arabako antropologo ezaguna) bilera kudeatu du. Horretarako KOI izeneko ezaugarririk nagusienak kontuan izan ditugu:

-Bizi eta aldakorra. KOIa eraldatu egiten da, eboluzionatu, dinamikoa da.

-Belaunaldiz belaunaldi transmititua; tradizioz, ahoz.

-Gizabanakoarentzako eta taldearentzako identitarioa da.

-Partekatua eta bizimoduekin zerikusia duena. Taldeak kultur adierazpenaren bidez adierazten du bere lotura.

-Prozesuala eta testuinguruan kokatua. Praktikarekin esperimentatu eta zentzua hartzen du.

-Giza eskubideekin eta garapen iraunkorrarekin bateragarria da.

Beste aldetik, eta Beatrizek azaldu duen bezala ondasun inbentagarriak hautatzeko zenbai irizpide  ere kontuak izan dira:

•Ondasunek bizirik egon behar dute, eta egungo funtzionalitatea izan.

• Lehentasuna izango dute komunitateak gehien ezagutzen dituen eta komunitateak adierazgarritzat jotzen dituen ondasunek.

• Errotze soziala, identitate-gaitasuna eta komunitate eramaileen inplikazio eraginkorra izan beharko dituzte.

•Ondasun adierazgarri eta aitortu horien artean arreta berezia jarriko da egoera ahulean daudenetan.

•Ondasunaren ibilbidea eta jarraitutasun historiko eta kulturala hartuko dira kontuan.

•Ez da ondasun immaterialik aukeratu behar, deigarria edo ikusgarria delako.

Arabako Mendialdeko kultura zabaltzeko pausu txiki bat gaurkoa. Mila esker Beatriz!!!



Desde hace algunos meses Labrit Patrimonio, empresa especializada en la gestión integral del Patrimonio Cultural Inmaterial, está realizando el Preinventario del Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI) de la Cuadrilla de Montaña Alavesa. Dicha labor responde al proyecto de pre-inventariado e inventariado aprobado y financiado por el Gobierno Vasco. Durante la mañana del domingo 20 de marzo, en el Ayuntamiento del Valle de Arana y bajo la dirección de la antropóloga alavesa, experta en patrimonio inmaterial, Beatriz Gallego Muñoz, socia de esta institución Celedones de Oro, se ha procedido al cotejo y validación con los representantes de cada localidad de aquellas manifestaciones culturales o festivas previamente identificadas. 

El objetivo de la reunión ha sido , por un lado, confirmar si, efectivamente, las manifestaciones culturales inmateriales que se han identificado se corresponden con las que verdaderamente perviven en la actualidad y, por otro, completar la lista con manifestaciones vigentes que no hayan sido previamente identificadas.

Recordemos que por Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI) se consideran “los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas -junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes- que las comunidades, los grupos y en algunos casos los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural” (Convención para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial de UNESCO, 2003).



Las características principales que se han tenido en cuenta para valorar los recogidos han sido:

- Vivo y cambiante. El PCI se transforma, evoluciona, es dinámico.

- Transmitido de generación en generación; tradicionalmente, vía oral.

- Identitario para el individuo y el grupo.

- Compartido y relacionado con las formas de vida. El grupo manifiesta su unión mediante la práctica de la manifestación cultural.

- Procesual y contextualizado. Con la práctica se experimenta y cobra sentido.

- Compatible con los derechos humanos y el desarrollo sostenible.

Se ha tenido en cuenta, como ha comentado Beatriz, que los bienes deben estar vivos y tener una funcionalidad actual.

• Tendrán prioridad los bienes más reconocidos por la comunidad y que esta considere representativos.

• Deberán contar con arraigo social, capacidad identitaria, e implicación efectiva de las comunidades portadoras.

• Entre estos bienes representativos y reconocidos se prestará especial atención a aquellos que se encuentren en situación de vulnerabilidad.

• Se tendrá en cuenta la trayectoria y continuidad histórica y cultural del bien.

• Se evitará la selección de bienes inmateriales solo por su carácter llamativo o espectacular.

Una interesante mañana de trabajo, que intentará aportar más datos al respecto para este trabajo etnográfico en Montaña Alavesa. ¡Gracias Beatriz por tu mano experta!


                    Argazkiak/ Fotografías: Jesus Prieto Mendaza

jueves, 9 de abril de 2020

TEODOSIA DEUNAREN LIZARRAK. ARBOLA ETA ARBOLAK ADIERAZTEN DUEN MIRISMENA - LOS FRESNOS DE SANTA TEODOSIA. EL ÁRBOL COMO REPRESENTACIÓN VENERADA



Leku sakratu guztiek heuren zaindariak ote dituzte?
Horrela bada Teodosia Deunaren  baselizak badauzka bereak: parean dauden lizarrak hain zuzen. 

Done Bikenditik edota Iturrieta aldetik ailegatzen  garenean, lizar sendo eta dotore hauek aspalditik agurtzen digute.  Erromeria egunetan, eguzkitsuak izanez gero, bertan prestatzen den tabernetan, hizketan aritzen direnei freskura ere luzatzen diete.   

Indoeuropear kulturetan zuhaitzaren mirespen nagusia izan da, herri gehienen artean arbola zerbait sakratu bezala hartu da, bereziki zeltiar eremuan eta euskal kulturan ere bai. Hori dela eta arbola beti jainkoekin lotu da. Gaur egun hori aldatu bada ere zuhaitzak herriarentzako sinbologia berria dauka. Naturarekiko lotura berri bat sortu du gure gizartean; ekologia eta ingurune orekatuagoa dira gaur egungo baloreak, eta zalantzarik gabe esan daiteke arbolak giza bizitzan  garrantzia  jarraitzen duela izaten. 

Después de acceder a de Santa Teodosia, bien desde San Vicente de Arana o desde la carretera de Iturrieta, en un día soleado la sombra que nos ofrecen los viejos e imponentes fresnos que se encuentran detrás de la ermita se agradece. Bajo sus ramas se entablan las conversaciones de los conocidos de distintos pueblos de la comarca, se compran exquisitos quesos o se beben unos vasos de vino en la taberna preparada para la romería. No olvidemos que una de las funciones de la romería, y la reunión bajo los fresnos es un ritual más de la misma, es fomentar la cohesión e identidad de los habitantes de la zona, Roitegi, Onraita, Valle de Arana y aldeas de la Llanada que comparten los pastos comunales de la “Parzonería de Entzia”, cuyas ordenanzas recogió de forma magistral el antropólogo alavés Josetxu Mtz. Montoya en su libro “Pueblos, ritos y montañas”.  

  
Sin duda, como ocurre con estos monumentales fresnos, el árbol ejerce su atracción, como la luna, el agua o el fuego, sobre los hombres. Un árbol nos indica que es navidad, al igual que con sus ramas celebramos las “enramadas” por San Juan o las “palmas” del Domingo de Ramos; sobre un tronco graban sus inscripciones los enamorados, sello de compromiso y reconocimiento de su mutuo afecto; la fuerte viga de roble es el sustento de nuestras casas al igual que del “gailur” del tejado;  entre sus ramas instala los “zumbeles” el cazador de palomas y tras él quien acecha al jabalí; el árbol nos proporciona el fuego del hogar, material que nos llega en forma de “suertes”; del árbol obtenían la madera Satur Vidán el yuguero; con las ramas de laurel  se decoran los balcones buscando protección, de igual manera que el tronco de haya del “mayo” pretende conjurar tormentas (“nublaos”) y granizo (“piedra”), protegiendo las cosechas;  bajo el árbol sagrado de Gernika se juraban los fueros de Bizkaia, al igual que el árbol Malato, en la localidad de Luyando, marcaba las fronteras del señorío y concitaba a los notables de Ayala; con los troncos y ramas de los árboles se quema todo lo malo de la aldea en la noche mágica de San Juan abriéndonos a un periodo de luz y fertilidad, representado por el verano... el árbol en definitiva como un elemento cargado de fuerte simbología para nuestra concepción del mundo .

        

      No podemos olvidar que, entre los pueblos indoeuropeos, especialmente en la cultura celta, el árbol ha sido un elemento venerado. Raíces, tronco, ramas y hojas, en su conjunto, eran consideradas parte de una deidad y poseían una fuerte carga simbólica, mágica, protectora o curativa. El árbol representaba también la fortaleza. Se erguía desde el suelo (allí donde se encuentra lo perecedero, reposo de los muertos, representación del infierno en su subsuelo) hacia el cielo (hacia las alturas, hacia el infinito, donde habitan los dioses y lo sagrado) como buscando al creador. Bajo él celebraban sus rituales los druidas y de él extraían pócimas y ungüentos. Figura central de la religiosidad céltica, como cuenta con erudita pasión el profesor de Deusto Dr. J. Villacorta, es precisamente, y de nuevo, la referente al "árbol de la vida".

Los árboles, para nuestros ancestros, representaban un espacio económico del cual obtener determinados elementos que podían contribuir a mejorar las condiciones de los lugareños (leña para los hogares, indispensable elemento para producir carbón, material de construcción, materia prima para objetos y mobiliario domésticos, aperos de labranza, espacios para la ganadería, lugares de caza...), y basta recurrir a un simple estudio etnográfico de nuestros usos y costumbres. Pero ello no impide constatar que también ocupaban un espacio sagrado, un espacio de contacto con lo trascendente. El árbol se convierte en cruz, la cruz que albergó a Jesucristo en su agonía y muerte. Torna, bajo la mano experta del artista, en retablo, de madera, siendo representación de la voluntad de ascender por los muros de la iglesia hacia las alturas, como si de una   alegoría de las ramas se tratara.

En la actualidad los árboles, los bosques siguen conservando su fuerte atracción para todos nosotros y también para la comunidad, para el pueblo. Quizás los dos aspectos mencionados anteriormente han perdido fuerza, pero se han incorporado otros que siguen subrayando la importancia del haya, del roble, del fresno, del arce, del chopo...se ha redefinido el monte como un espacio de clara conciencia ecológica a la vez que se utiliza como área de esparcimiento lúdico-festivo, en una nueva interpretación del tiempo de ocio. Sin duda los desastres ecológicos y la clara toma de conciencia por parte de las nuevas generaciones de la necesidad de respetar el medio en el que vivimos han contribuido a ello. Buena muestra son actividades como el Día del Árbol, jornadas micológicas, recogida de basuras en los bosques por parte de alumnos y alumnas de centros educativos, etc... Las nuevas formas de ocupación del tiempo libre también han contribuido a cambiar entre nosotros la visión del bosque. Mas que como espacio para el trabajo, es observado como posibilidad de práctica deportiva o de disfrute. Los grupos de montaña, los paseos en mountain bike y el senderismo han arrebatado el protagonismo de la actividad humana a labores tradicionales como el pastoreo, las carboneras, las limpias o la recogida de “abarras”.

        Nada permanece inalterable. Todo cambia, en estos tiempos que nos ha tocado vivir a velocidad de vértigo, pero el fresno majestuoso sigue atrayendo nuestra mirada. Son tiempos de nuevas tecnologías (Anna Harendt diría que nos acecha un futuro de tecnologías sin alma) y revoluciones informáticas, a pesar de ello, en la vida real el majestuoso árbol nos saluda al llegar a la ermita.

¿Tan solo unos fresnos?
No amigos, aunque no nos lo parezca, son mucho más que unos simples árboles.



Testua: Jesus Prieto Mendaza

Argazkiak/Fotografías: Vicente Guinea Glz. de Artaza, turismo.euskadi.eus, historiasdeayala.blogspot.com e EITB.eus/rado/radio-vitoria

domingo, 22 de marzo de 2020

PIEROLAREN HONDAKINAK-LAS RUINAS DE PIEROLA

Artikulu berri bat Jesus Prieto Mendazaren luma ederretik. Disfrutatu. Eta eskerrik asko, Jesus.
Un nuevo artículo de Jesús Prieto Mendaza, como siempre espléndido. A disfrutarlo. Gracias Jesús
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Santikurutze Kanpezutik gertu, Hornillo mendipean, Pierolaren hondakinak aurki ditzakegu. Historikoki garrantzitsua zen bertan zegoen konbentua, baina nire haurtzaroan hori baino leku magikoa zen Pierola eta inguruak. Abenturak bizitzeko paradisua, koadrila harremanak sendotzeko paisaia eta, izkutaturik, lehenengo zigarroa, erdi zorabiaturik, hartzeko iniziazio tenplua. Hondakinak, ahazturik eta belarrez gainezka ikusteak pena ematen dit. Ez al litzateke posiblea izango zerbait egitea ederra den Mendialdeko leku honetan?


Vamos a acercarnos hoy a un lugar recóndito, y quizás por ello hipnótico, de la geografía alavesa, enclavado en el extremo oriental de nuestro territorio. Desde una perspectiva académica, son muchas, y sugerentes, las razones que nos invitan a fijarnos en el convento de Piérola, en las cercanías Santa Cruz de Campezo. Las hay desde una justificación etnográfica, antropológica, religiosa, histórica, artística, literaria o política. Y es que como comenta el investigados José Ignacio Vegas, en su obra El Románico en Álava 2ª parte, es muy probable que en ese lugar privilegiado existiera un asentamiento humano desde tiempos pretéritos. Comparto esa opinión al constatar que la peña de Hornillo protege del norte el lugar y que además de tierra fértil existe también agua, dándose, por lo tanto, las condiciones idóneas para la vida humana desde el neolítico.

Según reportan numerosos eruditos, entre los que yo destacaría a Landázuri y López de Gereñu, el solar ha tenido varias denominaciones, tales como: Piérola, Piedrola, Pedrola, Petralara, etc. De nuevo nos dice Vegas que “…La referencia más antigua data de 1085 cuando aparece Don Sancho Fortuniones de Piedrola. En 1165 se cita como fortaleza en el fuero de Laguardia y en 1182 en el de Antoñana. Como solar de los Piedrolas se cita en 1332 en el documento de la Voluntaria Entrega. Cuando en el siglo XV se empieza a citar el convento, se hace como San Julián de Piedrola y Landázuri lo cita en 1797 como de San Francisco de Piedrola”. Según anotaciones de Gerardo López de Gereñu, que cita el Fuero de Santa Cruz de 1256, en sus inmediaciones, en el camino hacia la villa de Antoñana, existía una ermita que originariamente se conoció como de Nuestra Señora de los Ángeles. El arqueólogo Raúl Leorza Álvarez de Arcaya comenta, en un artículo de la Revista Ibernalo (nº 28/ mayo 2011), que “en el siglo XII se mencionan en la zona las aldeas de Santa Cruz, Orbiso, Ibernalo, Berdijón, Izquiz y Piedrola”. Es probable que como convento franciscano pudiera ser fundado, teniendo como referencia la fecha en que se otorgaron las bulas, alrededor de 1484. El insigne escritor Benito Pérez Galdós menciona, en sus famosos Episodios Nacionales la importancia estratégica que tuvo este convento durante las cruentas Guerras Carlistas y, precisamente, como fruto de aquellas contiendas – una auténtica guerra civil en el País Vasco-Navarro – y las leyes posteriores que se promulgaron con objeto de eliminar los vestigios del absolutismo, sabemos que la desamortización de Juan Álvarez de Mendizabal, en 1835, obligó a que el convento cerrara sus puertas.



            Pero para quien esto escribe, el solar de Pierola, “el convento”, cómo le llamábamos de niños, supone algo más que historia, existe un plus, que tiene más que ver con lo emocional que con lo científico. Y es que, para un chaval que pasaba fines de semana, vacaciones y, sobre todo, los veranos –aquellos interminables y fantásticos veranos – en el pueblo, Piérola era un lugar mágico. Eso, a pesar de que había muchos lugares más en nuestro entorno, ¡claro que sí! Para un infante que pasaba toda la semana en Vitoria, recluido entre las aulas del viejo Colegio San José (clérigos de San Viator), lugar que ocupa en la actualidad Dendaraba, y en su casa de la calle Fueros, haciendo aquellas filas de interminables deberes en un Cuaderno Rubio junto a la “cocina económica”, el tiempo en Santa Cruz era un tiempo de asueto extraordinario, un tiempo de fantasías recreadas a golpe de pedaleo con una bicicleta en la que, a falta de frenos desgastábamos las zapatillas compradas en la tienda de “la Araceli”. Como no recordar hoy, convertido ya en sexagenario, sus, siempre amables palabras: “¡Hay que ver como desgastas la suela chuchin! Pruébate estas nuevas y verás que bien andas, ¡Venga, pruébatelas saladote!”. Así, con esa liturgia iniciática en la zapatería del “Chole”, se abría para mí ese tiempo mágico distribuido entre chapuzones en Fresnedo, pesca de cangrejos en Inta, la trilla en la era con Cecilio Iriarte o el “Luisito del Alba”, la caza de pajarillos con “liga[1]” o con cepo, la recogida de “cernacules[2]” para vender al señor Claudiano, los recados hechos a “la Raquel” con los que me ganaba dos pesetas, los viajes con el veterinario, Don Tomás Pérez de Eulate, con el que por llevar el registro de perros vacunados, o “cochos” capados, podía obtener su beneplácito, “Jesusín, quiero que de mayor seas veterinario”, y hasta veinticinco pesetas. La lista podría ser interminable, aun así, entre todos esos lugares mágicos que Santa Cruz escondía, había uno especialmente envolvente: las ruinas del “convento”.

            Las piedras caídas y rodeadas por la hiedra, la espadaña erguida de Piérola, la imagen fantasmal, siempre rodeada de un halo de misterio, hacían que al acercarme a ese lugar un ligero escalofrío subiera por todo el cuerpo. Había un espacio especialmente significado, un reto, cual era conseguir, casi siempre arrastrándonos y no sin cierta dificultad, penetrar en las entrañas de piedra del antiguo monasterio. Así, como si de auténticos espeleólogos se tratara llegábamos al corazón de aquel mundo subterráneo, la sala de piedra, con sus asientos de sillería en la que, junto a mis primos y amigos de la cuadrilla, recreábamos historias sobre cómo habrían vivido allí los frailes o, quizás algún caballero medieval con su dama, escondiéndose de los enemigos o atacantes, tal vez sarracenos bajo el estandarte de la media luna, tal vez soldados carlistas huidos de un ataque del ejército liberal. La imaginación volaba, entre conversaciones, risas y alguna que otra calada dada a un único cigarrillo, posiblemente un “celtas” sin filtro, que alguno de los presentes había hurtado en casa. Eran tiempos de censura, de televisión única, en blanco y negro, de cine dominical, una época feliz sin internet ni dispositivos móviles. La creatividad, la fantasía, la imaginación eran nuestra única distracción y allí, bajo la tierra del solar de Piérola, la historia encerrada por aquellas viejas piedras se nos aparecía como si de una pantalla de alta definición se tratara. Al salir, la luz nos cegaba, y tumbados en la hierba de la campa nos dejábamos llevar observando el vuelo de cuervos, grajos, halcones, milanos, águilas y buitres que se paseaban por el roquedo, bajo la cumbre que miraba hacia el pueblo de Oteo. Las paredes de Hornillo tenían también un atractivo especial. Cuando aquel niño creció, cuando fue joven aquellas rocas se convirtieron en su inicial escuela de escalada. Por aquellos escarpes inicié mis incursiones con cuerdas, arnés, estribos, clavijas y mosquetones. Allí sufrí también más de un susto, pero todo era compensado cuando desde la cima, sentado en el pequeño rellano de la roca se podía sentir el envolvente silencio de las ruinas del convento, a mis pies, y la impresionante vista del valle coronado, enfrente, por las majestuosas cimas de Yoar y Costalera.



            Ya de adulto, no he dejado nunca de visitar este lugar, me reconforta, me hace pensar, me obliga a mirar en mi interior, como al subsuelo del monasterio llegábamos de niños, y sigo sintiendo el mismo escalofrío que sentía hace casi cincuenta años. Tan sólo otro sentimiento se añade ahora a los anteriores: la pena. Del otrora convento de Pierola quedan tan sólo las ruinas. Tristeza por ver que ese maravilloso lugar no haya sido recuperado, pena al observar que su rico legado se va olvidando, amargura al constatar que un lugar de fuerza magnética, desbordante, es invadido por las zarzas y el desinterés. Creo que habría alternativas para su recuperación. Turismo, rutas históricas, camino Ignaciano, deporte, aventura, escalada, rutas de trekking o bicicleta de montaña, centro de interpretación del valle, albergue, hospedería, museo de la trufa, etc… son posibles ideas que bien podrían recuperar este hermoso paraje de nuestra Montaña Alavesa. No sé si nuestras instituciones debieran de tomar la iniciativa, pero creo que recuperar este rincón mágico próximo al pueblo de Santa Cruz de Campezo no es sólo una posibilidad de desarrollo local, es, fundamentalmente, una obligación para la memoria de esta tierra fronteriza con la hermana navarra.



Oharra/Nota: Las fotografías antiguas, en las que observan labores agrícolas, pertenecen al archivo de la familia Aniz Pérez Carrasco.


[1] Una especie de pegamento, obtenido a base de trabajar, “lavar, limpiar y “amasar”, la mezcla obtenida de raspar las cortezas del acebo (Ilex Aquifolium, gorostia en euskera). El mismo, colocado en pequeñas ramas finas de mimbre o de junco, “baretas”, cerca de algún pequeño curso de agua, permitía capturar pájaros cantores para su venta o bien otras aves para su consumo. Eran muy frecuentes hasta los años ochenta del pasado siglo las meriendas de “pajaricos fritos”.
[2] Así se denominaba en Campezo al fruto pomáceo del escaramujo o rosal silvestre (Rosa Micrantha), conocido también como “tapaculos”.

Testua eta argazkiak: Jesus Prieto Mendaza