viernes, 9 de diciembre de 2016

EL CONVENTO DE LA INMACULADA

Jose Mari Bastida "Txapi"
Nuevo e interesante trabajo de Jose Mari Bastida "Txapi"

Jose Mari Bastida "Txapi"ren artikulu berri eta interesgarri bat.
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Si paseamos por la plaza del General Loma y nos fijamos en la entrada del número siete, situada a la parte derecha de la iglesia conocida como de San Antonio, veremos en su parte superior la inscripción "Convento de la Inmaculada" grabada en la piedra.
Efectivamente, tanto este convento como la iglesia tienen esa advocación o su sinónima de Purísima Concepción y no la de San Antonio con que habitualmente son distinguidos. Ello se debe a que uno de los siete altares que tiene el templo, además del mayor, está dedicado a San Antonio de Padua, acudiendo a él con especial fervor los vecinos. A ese respecto, el historiador Joaquín José de Landazuri, escribía en 1780: "Esta singular devoción con San Antonio ha ocasionado que sea este Convento más conocido con el nombre de San Antonio que con el de la Concepción. Celébrase la Novena de éste con Sermón Panegírico de sus excelencias..."
La licencia para la edificación del convento fue dada por el ayuntamiento en el año 1608. Había sido solicitada por María Ana Vélez de Guevara, condesa de Tripiana, en su calidad de tutora y curadora de Ana María de Álava, su hija, y de don Carlos de Álava, su marido. El fin de la construcción era para que fuera utilizado por los franciscanos recoletos. La muerte de la bienhechora, ya viuda, y la interpretación testamentaria, en la que figuraban los carmelitas descalzos en segundo orden, para el caso de que no lo ocupasen o lo dejasen los recoletos, promovió un largo litigio entre frailes, en el que llegó a intervenir hasta el Papa Urbano VIII, que dio la razón a los franciscanos recoletos. Debido a estos problemas, éstos no ocuparon el convento hasta 1648, a pesar de que las obras habían finalizado en 1623.
Convento de la Inmaculada el 15 de abril de 1962 poco antes de su derribo.
 (Autor: ARQUÉ/Archivo Municipal de Vitoria-Gasteiz) 
Durante el siglo XIX, con sus guerras, el convento fue abandonado por los frailes. En 1834, como consecuencia de la ley desamortizadora del general Mendizábal, fue incautado por el estado, al igual que los demás, con el fin de ser utilizado para fines militares. El conde de Ezpeleta, en nombre de su esposa, la marquesa de Montehermoso, sucesora de los vínculos de las casas de Tripiana y Mortara, hizo valer sus derechos al existir en la fundación una cláusula de reversión a la familia. El ejército siguió utilizándolo, pero pagando una renta, según un documento fechado en abril de 1836. Al finalizar la guerra carlista en 1839, el convento servía como cuartel de artillería y la iglesia estaba ocupada con efectos del parque de ingenieros. Los condes de Ezpeleta, deshecho el compromiso fundacional al no habitar los frailes en el convento, decidieron venderlo, reservándose la iglesia. Su representante, Fausto María de Asteasu, realizó la operación en 1846, dividiendo el convento en dos partes marcadas por la pared maestra del claustro: la parte que daba a la actual calle General Álava fue adquirida por Melchor Carpintero y la lindante con la iglesia, por Felipe Pereda.
Aspecto de la Iglesia y convento de la Inmaculada en el siglo XIX.
(Autor anónimo/Archivo Municipal de Vitoria-Gasteiz)
Las Clarisas estaban ya establecidas en nuestra ciudad en 1247, según Landazuri. El convento de Santa Clara y sus terrenos anejos comprendían la calle Becerro de Bengoa, el actual Parlamento y parte de los jardines del parque de la Florida, hasta el banco corrido de piedra. La iglesia, adosada a él, ocupaba parte del triángulo formado por la manzana de casas bordeada por las calles Prado, Becerro de Bengoa y plaza del General Loma. Incautado todo ello por el estado durante la guerra carlista, a su finalización fue comprado por el ayuntamiento en 1841. Sin embargo, siguió siendo utilizado por la guarnición. En abril de 1846, se discutió la conveniencia de demolerlo y enajenarlo para la construcción de casas. Afortunadamente, no salió adelante el proyecto. En 1850, las religiosas solicitaron que se les devolviera parte del convento de Santa Clara para su uso. El ayuntamiento denegó la petición; pero al año siguiente, arrendó la parte del convento de la Inmaculada o San Antonio de la que era propietario Felipe Pereda para que fuera habitado por las monjas. Pero éstas querían regularizar su situación de forma que tuvieran un lugar estable. El ayuntamiento, condescendiente, realizó un convenio con el propietario para adquirir su parte. Autorizada la venta por Real Orden de 15 de agosto de 1853, se firmó la escritura el 30 del mismo mes. Al día siguiente, era cedida a las monjas en usufructo. Paralelamente a estos acontecimientos, la Marquesa de Montehermoso cedió en 1851 la iglesia a la ciudad para el culto, con el pago de un pequeño canon en señal de dominio.

El convento primitivo fue derribado en 1962, construyéndose uno nuevo, una residencia sacerdotal y unos locales comerciales. 




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