miércoles, 11 de septiembre de 2019

LOS MADINAVEITIA: FAMILIA DE PROFESORES


Eduardo Madinabeitia Foronda bazkideak bere sendiaren historia txiki bat egiten digu ondoko artikuluan, ikuspegi interesgarri batetik: irakaskuntzatik.

El socio de Celedones de Oro, Eduardo Madinaveitia Foronda hace un pequeño recorrido por la intrahistoria de su familia, mostrándonos la faceta docente de la misma.
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Herminio Madinaveitia Cruza, era hermano de mi abuelo Efisio. Además de escritor y alcalde de Vitoria fue catedrático de Lengua y Literatura en el instituto. El mismo instituto en el que estudié yo, en la Florida, en la actual sede del Parlamento Vasco. 
Herminio Madinaveitia

No llegué a conocer al tío Herminio; murió siete años antes de nacer yo. Pero sí oí contar a mi madre, que fue alumna suya en los últimos años de la República y el primero de la guerra civil, algunas anécdotas de su labor como profesor. Al parecer era bastante duro en sus clases y no muy partidario de que las mujeres estudiaran. Supongo que era el signo de los tiempos.

Mi madre, Pilar Foronda, al terminar el bachillerato en el instituto, estudio Magisterio. Pero nunca ejerció fuera de casa. Otro signo de los tiempos. Sí que fue una magnífica maestra de vida para sus cinco hijos; todos acabamos teniendo carrera universitaria, pero creo que ninguno llegamos a alcanzar su sabiduría. Tenía una memoria fabulosa, era una gran lectora y sabía de todo. Alguna vez he contado cómo explicaba a vecinas y familiares los secretos del punto, en el que era una verdadera maestra haciendo cualquier tipo de jersey u otra prenda de ropa. 

Antes de Herminio no encuentro ningún antecedente; no sé, no creo que hubiera otros profesores en la familia. Pero después, después sí: ha habido muchos.

Mi padre, Ramón Madinaveitia, era químico. Terminó su carrera en Oviedo el año en que acabó la Guerra Civil. Él siempre quiso trabajar como químico en empresas y lo intentó varias veces: estuvo en Santander en una fábrica (creo que de jabones) a finales de los años cuarenta; también en Sidalbesa, una siderúrgica de la familia Ajuria, que estaba situada en Albéniz. Era a finales de los cincuenta; el Plan de Estabilización se llevó por delante la empresa y los anhelos de mi padre. Ramón siempre había compaginado sus sueños en empresas con las clases en los diferentes colegios de Vitoria; también daba clases particulares en casa. Recuerdo una gran pizarra en el comedor de nuestra casa en la calle Rioja. 
Ramón Madinaveitia Bengoa

Era la ocasión: preparó sus oposiciones a profesor de instituto, que aprobó en 1960. Nunca dejó los colegios; renunció a la dedicación exclusiva en el instituto para seguir dando clases en los Corazonistas, los Marianistas, las Carmelitas, Vera Cruz, la escuela de Magisterio y… no recuerdo más pero quizá sea un fallo de mi memoria. Casi todas las personas que estudiaron en Vitoria en los años sesenta, setenta y principios de los ochenta fueron alumnos suyos. Cuando yo vivía en Vitoria era muy habitual que al principio de cualquier conversación me dijeran: Yo fui alumno de tu padre; incluso en Madrid me ha pasado más de una vez.

En el Ramiro de Maeztu fue muchos años vicesecretario y se hizo cargo del laboratorio de física y química en el que se hacían prácticas y se podía, entre otras cosas, revelar fotografías. Hace poco vi en un periódico que, con motivo del centenario del instituto se celebró una exposición en la que se podía visitar el laboratorio, con todas sus piezas históricas: supongo que con muchas de ellas habría hecho experimentos mi padre con sus alumnos. 

El tío Eduardo Madinaveitia tiene ahora 101 años; era un año menor que Ramón. Él se decidió por las letras y fue muy precoz: cuando empezó la guerra tenía 18 años recién cumplidos y ya era licenciado en Historia. Ahora, con sus 101 años, sigue haciendo traducciones para mantener la cabeza en forma.
Eduardo Madinaveitia Bengoa

Eduardo también daba clase en muchos colegios de Vitoria (casi los mismos que Ramón, aunque también enseñó en las Ursulinas) cuando se presentó, y aprobó, las oposiciones para profesor del instituto, que seguía estando en el edificio de la Florida y ya se llamaba Ramiro de Maeztu. Fue un gran profesor; lo digo como uno de sus alumnos. No sólo aprendí sus asignaturas; también a relacionar unas con otras y gracias a eso tener una mente abierta al mundo y a todo tipo de curiosidades. (1)

Por esa época, a principios de los sesenta, entró en la familia otra profesora, precisamente de la mano de Eduardo: su mujer, Merche Villacián, que luego hizo carrera política, también era profesora en el instituto.

La siguiente generación de la familia ha dado nuevos profesores. Carmen Pitillas Madinaveitia, es hija de María Jesús, la hermana mayor de Ramón y Eduardo. Ha sido profesora de asignaturas de letras en diversos institutos de España, al final de su carrera en la zona de Madrid; en algún momento también pasó por Vitoria. Lleva algunos años jubilada. 

Mi hermana María Pilar murió muy joven, en un accidente con sólo 24 años. Era maestra; empezó su carrera en un pueblo diminuto de Cataluña en el que sus alumnos sólo hablaban catalán. Poner dificultades a los idiomas diferentes del castellano también era un signo de aquellos tiempos. Cuando murió era profesora en Vitoria, en San Martín.

Mis otras dos hermanas continúan con la tradición familiar. Cuando Blanca terminó Biología encontró en seguida trabajo en el colegio de la Presentación, en el que ha desarrollado toda su carrera profesional; ahora está dando los primeros pasos hacia su jubilación. Ana estudió Matemáticas, como yo. En seguida hizo oposiciones para profesora de instituto, que sacó brillantemente, con el número 2. Desde entonces ha trabajado en distintos institutos, en Arrasate-Mondragón y en Vitoria. Ahora ejerce en el Miguel de Unamuno. 

Yo nunca quise dar clases; al ver a mi padre había aprendido que es una profesión muy sacrificada. Pero en aquella época en Vitoria no había universidades. Mi padre no quería que nos fuéramos a estudiar fuera sin tener algo que nos ayudara si surgían problemas. Magisterio era una de las pocas cosas que se podían estudiar sin salir de casa, así que fui cursando la carrera a la vez que terminaba el bachillerato; el mismo año en que aprobé preuniversitario terminé también la reválida con la que se conseguía el título de maestro nacional.

Luego estudié Matemáticas y me he dedicado a la medición de los medios y la publicidad. He dado alguna clase, o charla, pero siempre sueltas. Pero, a estas alturas, mucha gente de mi profesión me llama maestro, aunque nadie sepa que hice esa carrera. 

Las siguientes generaciones son más estrechas. Mis padres, que tuvieron cinco hijos, sólo tuvieron seis nietos y, de momento, cinco biznietos. Mi padre no llegó a conocer a sus nietos más pequeños; mi madre sólo a sus dos biznietos mayores. Aún es pronto para saber si alguno seguirá el camino de la familia.
 
Texto: Eduardo Madinaveitia Foronda
Fotos: Familia Madinaveitia, Euskonews

(1) Eduardo Madinaveitia Bengoa fue nombrado Hijo Predilecto de Vitoria-Gasteiz en 2010

 

2 comentarios:

  1. Ramon ue profesor mio en los Coras
    Uno de sus hijos fue el alma mater del Metro de Bilbao, un gran maestro de las Obras Civiles
    Buena familia
    Gracias, Dario López de Araya

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  2. Oso aipamen ederra. Irakaskuntzan aritu den Madinabeitia familia gogoratzearekin irakaskuntza bera balotatu egiten dugu. Una hermosa mención a esta saga de docentes. Con la mención a la familia Madinabeitia también ponemos en valor, y es necesario, la ingente tarea de tantos profesores/as que han contribuido a llevarnos hasta los niveles de bienestar que ahora disfrutamos. La labor educativa necesita, como todas, de reconocimiento. ¡Enhorabuena por el artículo!!!

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