Guinea sobre 1940. Foto ATHA
El origen de este secuestro lo
encuentro en el libro biográfico del Teniente Coronel de la Guardia Civil, Juan
Ibarrola Orueta ((Laudio-Llodio 1900-Bilbo-Bilbao 1976) titulado "El
precio de la lealtad" quien, en el estallido de nuestra guerra incivil en
1936, se mantuvo fiel a la república. El libro me llega regalado por mis
amigos de la Cofradía de San Roque de Laudio-Llodio, en julio de 2024.
Esas memorias, publicadas por la
Diputación Foral de Álava en 2020, las redacta Juan Ibarrola ya de mayor, y
evocando una memoria de muchos años, que hace que los recuerdos a veces le
fallen como es en este caso, pues sitúa el secuestro en el pueblo de Cárcamo-Valdegovía
y el final feliz en el Monasterio de Oña en la provincia de Burgos.
No por eso, mi investigación del suceso se hace dificultosa, pues en Cárcamo me confirman la historia pero que ocurrió en Guinea, y en Guinea me dan datos de la niña secuestrada y de que pertenecía a la familia de Vidal Fernández de Palomares, sacerdote natural de ese pueblo, y el gran etnógrafo de Valdegovía y su entorno, y con la fotocopia de un artículo de una revista denominada Cruzados y editada en Puerto de Santa María (Cádiz) que me facilita mi buen amigo Saturnino Ruiz de Loízaga, inicio la búsqueda de noticias en la prensa histórica de aquellos años, que dan lugar a este mi relato del secuestro.
En el pueblo alavés de Salinillas
de Buradón reside la familia formada por Francisco Areta con Genoveva Fernández
de Palomares, y la madre acompañada por cinco hijos, entre ellos Inés Elena, la
protagonista de nuestra historia, salen de Salinillas de Buradón para visitar a
su familia en el pueblo de Guinea en el valle alavés de Valdegovía. Era un 6 de
octubre de 1932. El secuestro ocurriría al día siguiente.
Los viajes en aquel tiempo son una
odisea. Desde Salinillas de Buradón se dirigen en un carro hasta la estación de
San Felices (entonces provincia de Logroño, y término de Haro) donde tomarían
un tren que les dejarían en la estación de Pobes (Alava).
Desde Pobes en otro carro y por el
camino de Subijana se dirigirían hasta Guinea.
Antes de llegar a Guinea,
alcanzaron y adelantaron dos carromatos de húngaros (así les llamaban entonces
a los gitanos) cuya música anunciaba una función de teatro para aquella misma
noche. Componían el grupo dos hombres, unos cuantos niños y una mujer, con
cinco caballerías. Una de las hermanas, Paquita, cuenta como le impresionó la
mirada que la mujer húngara o gitana clavó en la pequeña de sus hermanas,
Elenita que así le llamaban en familia y le contó a su madre su preocupación
por la leyenda que corría entonces entre la población de que los gitanos
robaban niños.
(Foto escaneada de Revista
Cruzados)
Al día siguiente, Elenita con una
tía suya se dirigen al horno de hacer pan, y allí deja a la niña y ella vuelve
a la casa a por cerillas para encender el horno y que se le habían olvidado.
La gitana, que se había escondido
por los alrededores de la casa, aprovechó ese momento, para raptar a la niña.
Una vez la familia se percata de su desaparición, con la ayuda de vecinos del pueblo, inician su búsqueda por los alrededores del pueblo, en especial la zona de monte, ya que en Guinea no hay río. Avisan a la guardia civil de Espejo, quien a su vez traslada el asunto a sus superiores en Llodio, donde Juan Ibarrola estaba al mando de la jurisdicción no sólo de Llodio, sino también de Valdegovía y de la zona de Murguia. Cuenta Ibarrola que fue de Llodio a Pobes en tren, y de Pobes a Espejo andando.
Una vez en Espejo, en mulo o caballo llegó hasta Guinea (en sus memorias ya he comentado que pone Cárcamo), y cuando llegó ya la habían buscado por los alrededores, y ordenó una nueva búsqueda, y una requisitoria a los puestos de la guardia civil de toda su zona, y los limítrofes de la provincia de Burgos. Así constata en sus memorias como la guardia civil del puesto de Orozco dio el alto a los carromatos de los gitanos, y no se percataron que la mujer secuestradora había escondido a la niña debajo de sus sayas.
Cuenta
también Ibarrola en sus memorias como cuatro meses después recuerdo un rapto en
Nanclares de la Oca, de otro niño, y que llevado en un saco por su secuestrador
fue perseguido por los vecinos y se arrojó con el saco con el niño dentro, a
una profunda sima, y relacionaron este rapto con el anterior y pensaron que la
niña podía haber tenido el mismo fatal desenlace.
La prensa de la época se hizo eco del secuestro o desaparición de la niña. En el periódico La Libertad, decano de la prensa vitoriana según se anuncia, encontramos la noticia el día 10 de octubre de 1932, y cuenta lo sucedido en boca de la madre de la niña Genoveva Fernández de Palomares, que es básicamente lo que he descrito hasta ahora:
Encontramos en la Gaceta del Norte de 11 de octubre de 1932, la noticia de la
desaparición de la niña Elena Areta Palomares, sin embargo, deben tener mal los
lugares pues indican que es la Guardia Civil de Irujo ?? y sitúan la
desaparición en Gamier???
(Foto de Lucena. Google )
Ignacio Alonso vende también pescado en Lucena, donde existe un colegio de la Diputación de Córdoba para huérfanos. En este colegio está recogida una niña que fue quitada a una gitana que la tenía, y se sospechó por la apariencia de la niña que no era de raza gitana, y era explotada por aquella, como si fuese su hija y la hacía pedir limosna por los sitios por donde vagaban.
(Santuario de Nuestra Señora de Aracil-Lucena.
Google)
En el mes de mayo de ese mismo año nuestra
protagonista Elenita, recibe su primera comunión para la que había sido
preparada y también se le administra el bautismo condicionalmente. Llevaba
acogida desde 1937 en esa orfanato.
Y empieza a transcender el caso de esa niña
quitada a una gitana y cuyos padres no se conocen.
Un día de octubre de ese año de 1941, Ignacio Alonso en visita comercial a Lucena, y un conocido le cuenta cómo desde hace cuatro años está acogida una niña que fue robada a sus padres, e Ignacio asume que es su hija.
Va al Colegio de la Purísima Concepción
donde está internada la niña, y le convence de que es su padre, y pone tanto
interés en ello, que aunque la niña nada recuerda ni conoce, Pone tanto
énfasis, entusiasmo, y pundonor que convence a los responsables del centro de
que es su hija, y así el 15 de octubre de 1941, en documento oficial, firmado
por el alcalde de Lucena, se hace constar que la niña recogida en el
orfanatorio, es hija de D. Ignacio Alonso, y que el verdadero nombre de la niña
es Ángela y no Elena como ella se hacía llamar, por lo cual queda entregada a
su padre. El alcalde de Lucena (Córdoba) en 1941 fue Martín de
Rosales y Marte, Duque de Plasencia.
Así el 16 de octubre sale Elena del colegio con
su nuevo nombre de Ángela y D. Ignacio se la lleva a su casa de Málaga, donde
intenta persuadir a todos de que es su hija desaparecida pero su mujer y el
resto de sus numerosos hijos dudan de que sea ella. Ignacio impone su criterio
tanto en su familia como fuera de su casa sin que nadie se atreviese a
contradecirle. Así la noticia del hallazgo de esa niña se hico eco en todos los
periódicos locales y nacionales de España.
A los cinco días de haber llevado a Elena a su
casa con la convicción de que era su hija, recibe una carta desde Motril
(Granada) en la que le dan las verdaderas señas de su hija desaparecida. Arduo
va a Motril y encuentra allí a la verdadera Ángela Alonso y con ella vuelve a
Málaga. Respecto a Elena entre que la había cogido ya cariño y no dar su brazo
a torcer, prefiere quedarse también con ella y adoptarla,
Aquí en Álava la noticia de la aparición de una
hija robada a sus padres en Andalucía, fue difundida por La Gaceta del Norte,
el 19-10-1941, pero solo la primera parte, pero no la aparición de la hija
verdadera, y que de Elena no eran sus verdaderos padres. Pero esa noticia
publicada por La Gaceta, en la que además se mencionaba que la niña insistía en
llamarse Elena y no Ángela, no sabemos si llegó a extenderse por Álava y si se
leyó nadie la relacionó con la niña Elena robada, pues la noticia indicaba que
había sido entregada a sus verdaderos padres.
Y ahora nos trasladamos a Bilbao, concretamente
al Colegio Ángeles Custodios, regentado por las Hermanas de los Ángeles
Custodios, congregación religiosa fundada por la Beata Rafaela Ybarra en 1894
en Bilbao.
(Colegio Angeles Custodios-Bilbao. La Gaceta del Norte)
En este Colegio, profesa Micaela, tía de Genoveva, madre de Elena, y recibe la visita de otro sobrino, Víctor Otaolaurruchi, y entre la conversación mantenida entre ellos y recordando a Elenita, le comenta Víctor a su tía la noticia de la aparición de una niña en Málaga y que después de unos años sus padres la habían encontrado.
Cuentan que la noticia a Micaela le dio desasosiego y el acabo de unos días se decidió a escribir interesándose por el caso, tras solicitar permiso a su superiora, a la Superiora de los Ángeles Custodios en Málaga, interesando que averigüen el paradero de la niña aparecida, y se enteren si son de verdad sus padres los que la han recogido.
(Colegio Ángeles Custodios Málaga antes de ser
residencia de mayores. Google)
Localizado Ignacio Alonso por la Superiora
malagueña, le confiesa que no es su hija y que la verdadera hija Angela ha
aparecido pero que ha decido también quedarse con Elena. La superiora le
convence de que debe devolver a la niña, y al final accedió a ello, y la
Superiora se llevó a Elenita al Colegio de los Ángeles Custodios.
La superiora preguntó a la niña cosas de su
infancia como el nombre de su padre, que lo recordaba, Francisco, que era muy
alto y no conservaba tantos recuerdos de su madre.
Vía teléfono contacto con Genoveva, madre de
Elenita trasladándole las buenas nuevas.
Genoveva acompañada por su hermano Vidal
Fernández de Palomares, a quien ya he mencionado como el gran etnógrafo de
Valdegovía y su entorno, y sacerdote, partieron inmediatamente hacia Málaga.
Sin embargo, la niña ya no estaba en Málaga. Las
autoridades malagueñas informadas por la superiora de la situación dispusieron
su reingreso en el Asilo de Lucena.
Y allí se fueron Genoveva y su hermano Vidal, al
asilo donde un mes antes había salido de allí Elenita.
Mucho costó a las religiosas del asilo de Lucena
dejar salir de nuevo a la niña, pero al final fueron convencidas y la niña fue
devuelta a su madre de quien Elena ya no se acordaba.
(Foto Revista Cruzados)
De vuelta a casa, una primera parada en el
noviciado de los Ángeles Custodios en Madrid, donde profesaba como novicia
Paquita, hermana de Elena, y ésta reconoció a su hermana y a la que recordaba
cuando Paquita tenía 9 años y ella cuatro y medio.
(Noviciado de los Ángeles Custodios-Madrid.
Internet)
Y de Madrid a Salinillas de Buradón.
(Salinillas de Buradón- Foto Salinillas de Buradón.org)
Al llegar, disimuladamente dejaron a la niña sola, en plan de prueba, y en esto echó a correr y se echó en brazos de su padre. También visitaron las casas de sus familiares y en Guinea enseguida reconoció la casa familiar donde fue secuestrada.
La prensa vitoriana se hizo eco de la aparición de Elenita. Habían pasado más de nueva años de su secuestro.
La primera noticia de ello, en El Pensamiento Alavés de 22 de noviembre de 1941
En La Gaceta del Norte, una primera
noticia relativa a su aparición fue al día siguiente de la anterior, 23 de
noviembre de 1941
Sin embargo, en La Gaceta del Norte, el 27 de noviembre de 1941, aparece un artículo más amplio sobre el secuestro de la niña y su resolución.
El artículo basado en mi opinión, en Vidal Fernández de Palomares, yerra ya en el mes del secuestro, indicando septiembre, en vez de octubre, señala que la gitana secuestradora está presa en Málaga, e imagina una posible conexión entre "el pescador" Ignacio Alonso y la gitana.
Después de estudiado el tema por mi parte considero que eso no fue posible pues transcurren varios años entre la aparición de la niña en Lucena y el rescate que de ella hace Ignacio Alonso y que he relatado. Ya me podéis perdonar queridos lectores, que haga referencia a un dicho de cuando yo era pequeño y existía La Gaceta del Norte: "mientes más que La Gaceta"
Y la última que encuentro sobre
este asunto del secuestro, es una carta de agradecimiento a La Gaceta del
Norte, por su contribución involuntaria a la resolución del secuestro, firmado
por Víctor Otaolaurruchi, quien dio la noticia a su tía Micaela y quien inició
las pesquisas en Málaga
En los años posteriores al
secuestro, Elenita se convirtió en mujer, madre de familia, llevando una vida
normal, pero sin olvidar este dramático episodio de su vida.
Antes de escribir este artículo para su publicación (26 de enero de 2026) me he puesto en contacto con familiares de Elena Areta Fernández de Palomares, quien me informan de que Elena vive todavía, que debido a su avanzada edad, lamentablemente ha perdido la cabeza, y que vive en Baracaldo (Vizcaya)
Y aquí termino esta historia que atañe a Valdegovía y a Salinillas de Buradón, y que empecé en julio de 2024.
TESTUA ETA ARGAZKIAK: JUAN CARLOS ABASCAL
Gracias, Juan Carlos. Extraordinaria colaboración y documentación.
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